Alsasua, un ejemplo de solidaridad como pueblo
José Lázaro Ibáñez, Paco Zamora, Dolores Goldáraz, Maribel Alzórriz, Ana Montoya y Jesús María Aragón | Miembros del Comité político del Partido Carlista-EKA de Navarra
2018/01/26

En los primeros días de este enero de 2018 nevó, y lo hizo no sólo en Navarra, y esto produjo problemas en algunas carreteras. Al cerrar Guipúzcoa al tráfico el puerto de Etzegarate quedaron atrapadas unas 1.400 personas en la carretera N I, a su paso por Alsasua, que acogió a esas personas de distintas nacionalidades en sus casas particulares, y el Ayuntamiento movilizó sus recursos materiales y humanos para minorizar el problema a los afectados, dando un grandísimo ejemplo de solidaridad, y poniendo algo de luz en la oscuridad de la incompetencia ajena.

Apenas tuvo repercusión mediática, a nivel del Estado, a diferencia de una riña de madrugada entre unos jóvenes y dos guardias civiles de paisano, que mantiene en la cárcel desde hace más de 425 días a tres jóvenes de la localidad bajo la aplicación de la Ley Antiterrorista. Este hecho se magnificó en la mayoría de la prensa del Estado y los tertulianos profesionales se explayaron a gusto diciendo que Alsasua era un «nido de terroristas», «una localidad donde se respira odio» y en la «se persigue a los guardias civiles y a sus hijos». Todo mentiras.

En Alsasua, como en cualquier otro pueblo, puede haber una minoría que funciona desde el odio a las mal llamadas Fuerzas de Orden Público, pero que tienen derecho a vivir y ser respetados aunque no se esté de acuerdo con el papel que desarrollan en el pueblo y en el valle de Sakana.

La actuación más arriba señalada desmiente los juicios de valor negativos tanto de la prensa como de los tertulianos y deja bien claro la actitud de la mayoría de la gente de Alsasua, así como de su Ayuntamiento.

¿Qué tenemos en nuestras cabezas?, ¿qué pasa con actuaciones tan diferentes?
Esta sociedad está enferma, hay un Gobierno central incapaz, y unos representantes de la justicia deshumanizados que, con esas actuaciones, dan la impresión de que no buscan impartir justicia, sino todo lo contrario.

La sociedad tiene que ser comprensiva y generosa, el Gobierno ha de tener altura política, y los tribunales de justicia tienen la obligación de humanizar esta situación; por ello creo que sería razonable poner a esos jóvenes en libertad, aplicarles la legislación común y no hablar de apartheids, sino empeñarnos todos en trabajar por la convivencia pacífica a lo cual más que una condena carcelaria ayudaría un juicio desapasionado del que saliese un castigo a trabajos al servicio de la comunidad (residencia de ancianos, limpieza de montes…), durante un cierto tiempo.