Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Barcelona ciudad romántica

Las elecciones municipales se acercan y los movimientos propagandísticos empiezan a intoxicar con mayor fuerza de lo habitual. Los vecinos van recibiendo un tríptico del consistorio, que lo pagamos con nuestros impuestos, sin pedirnos permiso, de color verde, en detrimento de otro color, que hace meses se utiliza en las papeleras de la ciudad, ¡qué casualidad!, es el color del partido político de la progresía viajera. La portada y el texto del pasquín, en catalán, lo titula: "Cuidemos Barcelona". La propaganda posterior está impresa como una poesía llena de amor romántico, tan vilipendiado por el feminismo más forofo. Dice así: Estimada vecina, estimado vecino, creo que hay más taxonomías que estas dos, continuemos. Todos y todas estimamos Barcelona, y la queremos una ciudad limpia y cuidada, una ciudad para disfrutarla. Somos conscientes que la limpieza es una de las principales preocupaciones de los vecinos y vecinas… casi el 10% del presupuesto municipal, va destinado a la limpieza. Finaliza: Hagamos, entre todos y todas, una ciudad más limpia y más sostenible. Una Barcelona para vivirla. No comprendo la mente calenturienta que ha parido semejante detritus neuronal. La gentrificación masiva del centro y costa de Barcelona, la venta de edificios enteros a fondos para pagar las pensiones de los ricos del mundo, que invierten en semejante piratería, que empobrece a los desgraciados habitantes que han tenido que largarse de sus pisos, que habían habitado durante varias generaciones. Una ciudad que se ha convertido ella misma en un negocio trasnacional, incluyendo a los habitantes de la misma, que vivimos estupefactos, al convertirnos en mozos indígenas, que con el tiempo nos harán un musical, para acabarnos de rematar. Que soportamos un turismo invasor, maleducado, y ladrón, en muchos casos, que se nos ha expulsado, de los paseos, que nuestros padres podían hacer por los lugares emblemáticos de la ciudad. Se nos ha arrinconado de una forma indigna a la pura fuerza. Solo con el objetivo para generar dinero hacia el capital trashumante, y convertirse en un prostíbulo turístico-cultural, de la peor especie. En cambio, no se aplican las sanciones por ensuciar la urbe, ya que la suciedad la generan los habitantes, que hay un porcentaje de indeseables, que también escupen en el suelo y como pude observar, una persona en el metro, cayó por semejante fluido. Una vez más, no vislumbro el futuro con optimismo, por las declaraciones de la Directora general de turismo, que ha expresado que el turismo es el «pal de paller» de la economía del país. Estamos irremediablemente perdidos, ya no tendremos ningún lugar para poder huir de los bárbaros invasores.

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