Bidegorriak?
Después de 10 años en el «exilio» estudiantil y profesional, viviendo en ciudades como Barcelona o París donde mi medio de transporte era la bicicleta y donde he tenido que lidiar con el abundante tráfico que hacía tan peligrosos mis desplazamientos, he vuelto a Bilbao con la intención de quedarme, porque modificando un poco la canción de Doctor Deseo, «vivir en Bilbao, no hay nada mejor, perderse en sus calles...». Mi retorno coincidió con la implantación de la nueva normativa que obliga a los vehículos a circular a 30 Km/h y 50 km/h dependiendo de la zona. Cuál fue mi alegría al ver que en Bilbao éramos pioneros en iniciativas que fomentan, entre otras cosas, la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera y el uso de medios de transporte alternativo, como mi tan querida bicicleta. No obstante, tras mis primeros desplazamientos pedaleando por la ciudad, me he dado cuenta de que, lamentablemente, la situación no es tan ideal como me pareció en un principio, y que no somos tan «bike-friendly» como parecemos. Me explico: algunos bidegorris parece que sólo sirven para pasear los domingos con la familia o para que los vean los turistas (Abandoibarra, la Ría, el Museo Guggenheim); otros están en zonas como Doctor Areilza, donde los peatones y txikiteros los usan más que los ciclistas. Y no hablemos de las «Kale adeitsuak-calles amables», donde los conductores de amables tienen bien poco. Normal que luego alucinemos cuando viajamos a Amsterdam o a alguna ciudad alemana y vemos que todo el mundo se desplaza en bicicleta. «¡Qué países tan civilizados!», pensamos entonces. «Ojalá pudiésemos andar así por Bilbao», deseamos otros. Pero la civilización no llega por arte de magia. Los que gobiernan en ciudades «bike-friendly» han diseñado redes de carriles-bici con un fin de desplazamiento (no de paseo), así como políticas de concienciación y educación que priorizan éste medio de transporte sobre otros que funcionan a base de combustibles fósiles. Sorprende que en un país como el nuestro, tan amante del ciclismo y de la naturaleza, la bici se reserve sólo para el fin de semana. La normativa de circular a 30 (o 50) km/h es un gran avance, pero, por favor, no hagamos las cosas a medias, ya que parece que el fin es más recaudatorio que medioambiental, o que se promueve dar una imagen de ciudad modelo y todo se quede en mero «postureo». Sigan el ejemplo de otras ciudades que están haciendo esfuerzos enormes para normalizar los deplazamientos en bicicleta y hagamos de Bilbao una ciudad del peatón y del ciclista.