Iñaki Uriarte -Observador Urbano

Caos circulatorio

Lunes 23 de diciembre, de una semana algo especial, caminando como normalmente hago entre calles de Bilbao hoy he visto monumentales atascos, especialmente en toda el área central de Abando-Indautxu, y como es ya habitual ningún policía municipal para regularlo; lo mismo sucede estos días en el acceso al aparcamiento del Arenal.

En un recorrido normal a pie por las calles, con un poco de atención, veo en un intervalo de unas dos horas al menos cuatro o cinco conductores hablando por el maldito móvil y conduciendo. Es inamisible que entre todos los municipales, ante esta grave infracción por sus riesgos, apenas sorprendan y multen a dos por día -dato deducido de la cifra oficial 714 en un año-.

La sensación formal y efectiva de holgazanes está más que acreditada. Su imagen es deplorable no disimulan su odio a la txapela, jamás se cubren. La única policía en Europa y parte de África que por desgana no lleva el uniforme completo. Su momento culminante es el domingo cuando hasta seis vehículos oficiales se reúnen para comer todos a la vez en un bar de la plaza de La Salve, compartiendo mesa con guardias civiles en un akelarre policial.

Es peligroso pero presumible saber más pero ¿qué control hay de este ya tradicional festejo dominical de todo tipo, incluido el que se imagina el lector, y quién debería hacerlo, la Ertzaintza? Si también asisten simultáneamente al mismo festejo y participan de su rechazo a la txapela, que solo la usan para tirarla al aire el día que les dan la licencia, lo mismo que los otros, para acreditar que ya son policías y a partir de entonces ir pasando el tiempo, los años, incluido el periodo de excedencia para adquirir un perfil lingüístico de euskera que ya deberá ser preceptivo en las bases de la convocatoria y así el pueblo vasco se evitaría tanto euskofobo policial con un exagerado e inmerecido salario.

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