Iñaki San Sebastián Hormaetxea

Cruces y el amor samaritano

En menos de nueve años es la segunda vez que me he cogido un par de semanitas de vacaciones, en el Hospital de Cruces. Está visto que mi pleura tiene instintos maternales y me cría unos tumores, de momento benignos, pero latosos como ellos solos. Los doctores les llaman mesoteliomas y dicen que hay que quitarlos, para que no provoquen mayores males. Así que segunda visita al quirófano y a verlas venir. Parece que  ha salido todo bien y, aunque sigo hecho polvo, el proceso de recuperación sigue su curso.

Afortunadamente todo tiene su lado positivo. Por ejemplo el poder apreciar la profesionalidad y amabilidad de los equipo de limpieza, celadores, asistencia, recuperación respiratoria, enfermería y cirugía. Seguro que habrá alguna excepción, pero a mí no me ha tocado. Al mismo tiempo, es fantástico ser testigo del cariño y la intensidad con la que los familiares atienden a sus enfermos. Todo esto te sumerge en una nube de amor, al que le pongo el apellido de samaritano. Un amor tangible volcado al cien por cien en las personas. Estuve enfermo y me curaste, me cuidaste y me visitaste para animarme. Un amor que nada tiene que ver con las religiones o la moral. Sería más bien un sello que llevamos grabado, con mayor o menor intensidad, todas las personas que sentimos un mínimo respeto a los derechos humanos de los demás. Curiosamente se puede encontrar en cualquier rincón del planeta. Incluso en el caminar errante de los cientos de miles de personas que huyen del hambre y de las bombas. Total que, para mí, Cruces es una auténtica catedral del amor samaritano, el dios inseparable de casa persona. Espero que algún día se haga universalmente visible y guíe, hacia su destino, al conjunto  a la Humanidad.

Como viejo católico, de vuelta ya de demasiadas cosas, recomendaría a la jerarquía de la Iglesia católica un cambio de rumbo drástico. Acabar con las grandes ceremonias en catedrales llenas de luz, oro y toda clase de oropeles y reconvertirlas en algo mucho más cercano a las personas. Cada iglesia tendría que ser un centro de salud, de acogida de migrantes, de convivencia entre culturas diversas, etc., con mucho menos predicar y mucho más practicar. Al... rezaré por ti, el pueblo responde …¿y qué más harás? Si no hay respuesta se seguirá marchando, dejando los templos vacíos. ¿Cómo es posible que las casas de su dios se hayan ido convirtiendo, a lo largo de los años, en lugares lúgubres, tenebrosos y sin vida, la mayor parte del día?

Disculpas por esta deriva. Son cosas que pasan cuando desciendes más de una noche al infierno del dolor, perdiendo el control de lo que pasa por tu cabezota.

Eskerrik asko, biotz, biotzez, a cuantos me han ayudado y animado.

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