Javier Orcajada del Castillo

¿Cuándo fingen los políticos?

Es sabido que los políticos tienen que tragarse diariamente un sapo para poder mantenerse en el cargo. Uno de ellos es encajar con una sonrisa los insultos y acusaciones que se hacen desde las tribunas y medios y preparar adecuadamente la respuesta. O en elecciones, las acusaciones de corrupción o los solemnes compromisos en entrevistas y mítines asegurando que no formarán coaliciones con los que después de proclamarse los resultados formarán gobierno para repartirse el poder y colocar a los suyos. Esos diputados se enfrentan atacándose como víboras desde las tribunas, pero al terminar la sesión se encuentran en la cafetería para charlar y acordar la próxima subida de sus sueldos y sinecuras o ver cómo se puede tapar algún marrón en el que se vean afectados –hoy por ti, mañana por mí– que diría el cínico. El espectador que observe el espectáculo se interrogará: cuándo están diciendo la verdad, cuando se echan venablos en la tribuna, en declaraciones en los medios o en los mítines electorales, o por el contrario, fingen los enfrentamientos y confidencialmente se cuentan sus cuitas para apoyarse y mantenerse en sus escaños sin sobresaltos y colaborando en negocios particulares porque los cargos políticos –dicen– son efímeros y hay que aprovecharlos, aunque evitando que el periodista ambicioso le despelleje y tenga que dimitir o peor aun, que aparezca el juez estrella en busca la notoriedad, le abra un contencioso y tenga que sufrir el protagonismo no deseado de parecer diariamente en los medios para escuchar sus aventuras reales y las que se le ocurran al periodista sin conciencia que necesita descubrir algo para aparecer en primera página. En ese caso, ya se sabe, nadie le va a echar una mano, pues el código no escrito exige que las fechorías pueden durar el tiempo que tarde el periodista en descubrirle su punto débil, que, aunque se crea vacunado contra el riesgo de ser descubierto, no tienen bula y a partir de ser detectado dónde hurgar, se tiene que solucionar los problemas por sus medios, que cada uno aguante su vela. La solidaridad depende de cada partido, pues los políticos astutos saben acumular pruebas para sacarlas en su defensa en caso de que el partido quiera abandonarle a su suerte: el afectado sabe dosificar información al periodista que, según el caso convenga, que afecte negativamente a su partido. Cuántos de nuestros políticos han quedado socarrados a la intemperie por no haber previsto aprovisionarse de munición que les saque del atolladero en caso de tener que salvarse.

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