Ione Mendizabal

Dispersión en Donostia

La turistificación y la política especulativa está causando estragos en muchos aspectos en Donostia; el impacto medioambiental, la subida de los precios, la precariedad laboral y sobre todo, la dificultad de los donostiarras de tener una vida digna en la ciudad que les vio nacer o que decidieron adoptar para vivir. La merma en la calidad de vida de los ciudadanos es grande y el descontento es palpable. Las decisiones del actual alcalde no hacen más que empeorar la situación y parece no haber oposición que le pare los pies. Eso me llama bastante la atención, pero daría para otro artículo de opinión. De lo que quiero hablar aquí es de un asunto del que no he oído mucho hablar, pero que creo que nos afecta a más de uno; la dispersión de los jóvenes.

El otro día acompañé a mi pareja a Beasain, habíamos quedado con sus amigos en el bar donde se juntan siempre. Allí quedan y el que quiere aparecer cuando quiere, ya sabe que estarán ahí. Me invadió la nostalgia, de los tiempos en los que todas las de la cuadrilla vivíamos en Donosti y quedábamos en nuestros bares de referencia. Vernos resultaba bastante sencillo, no nos dábamos cuenta del privilegio que esto supondría en el futuro. Ya no podemos vivir en Donosti, nos han dispersado a la fuerza, ahora cada una vivimos en un pueblo diferente.

Algunas de nosotras somos madres y creo que somos las que salimos peor paradas de todo esto. Alejarte de la familia y amigos es quedarte sin tribu para criar y sin el apoyo del grupo de amigas para el sostén emocional tan necesario en esta etapa de la vida. Nos tenemos que conformar con el teléfono y el WhatsApp o con hacer malabares para poder quedar todas algún día en algún mes.

Podría parecer una tontería, pero no lo es, es algo que impacta mucho en nuestras vidas. No se trata solo de perder la comodidad de quedar. Se trata de perder nuestros apoyos, se trata de que nos obliga a vivir más aislados o buscando nuevas redes de apoyo o resignadas a la soledad. Yo quiero mi vida de antes, donde hubiese podido quedar en el parque con mis amigas y sus hijos, donde podríamos haber creado una tribu bonita de sostén, donde las dificultades del día a día hubiesen sido más livianas y quizás la terapia, en algunos casos, no hubiese sido tan necesaria.

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