Javier Orcajada del Castillo

El cocktail de moda: con unas gotas de arsénico

Parece que hay que echárselas para darle más «fuerza». Dicen los expertos que está «de muerte». Lo ha tomado el general bosnio croata Slobodan Praljak brindando por sus víctimas ante las cámaras de TV para celebrar que el Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra en Yugoslavia le ha condenado a 20 años de cárcel por sus hazañas bélicas en el matadero de Yugoslavia. Desde que se ha abierto la veda de los generales perdedores en aquella carnicería varios de ellos ya han sido condenados. Mantienen ante los tribunales una actitud de soberbia y dignidad, como corresponde a su profesión y rango. Este tribunal creado en 1993 por la ONU responde al «arreglo de cuentas» que Occidente tenía pendiente de pasar a Serbia por su histórica amistad con Rusia. Por tanto de justicia, más bien poca. Son los vencedores que imponen sus leyes de guerra a los perdedores. Les han aplicado la "Siegerjustiz" La historia de este general y la de los otros «descerebrados» condenados es escalofriante, pues fueron los verdugos que impartían leyes de guerra en sus exitosos y sangrientos avances militares siendo bien conocidos en el mundo occidental que los magnificó, aunque los equilibrios geoestratégicos y militares existentes no aconsejaban denunciar estos crímenes de los serbios y sus amigos de aventuras ni tampoco los que cometieron las tropas de interposición de la OTAN desplegadas para poner orden en el ring yugoslavo. El tradicional valor y patriotismo militar lo han demostrado estos generales: después de ser derrotados, han buscado eludir sus responsabilidades huyendo como gallinas de la justicia vengativa de los ganadores. Pero que Praljak, como una estrella mediática, eluda sus responsabilidades de jefe militar, se tome un combinado aderezado con arsénico ante las cámaras como testimonio de su valentía y se suicide, hace suponer que es broma el slogan: «valor: se le supone». Así, todos satisfechos: la muerte gloriosa del suicida, la admiración de sus conmilitones por esos rasgos de valentía, y los vencedores, que imparten la justicia vengativa a los vencidos. No tan satisfechos quedarán los deudos de los masacrados y enterrados amontonados como animales en fosas gigantescas por estos fanáticos defensores de las esencias militares. Hay que saber perdonar y no enredarse en temas del pasado, tal como argumentan aun los vencedores de nuestra Cruzada del 36 cuando los familiares de los perdedores buscan los restos de los suyos escarbando en las cunetas. Mientras, Rajoy alardea de no haber dado ni un euro para recuperarlos durante sus dos mandatos.

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