Javier Orcajada del Castillo

El cuento de la macroeconomía para los consumidores

Los políticos consideran trivial la crítica de las amas de casa cuando se quejan de que cada vez es más difícil llegar a fin de mes, a pesar de que los datos macroeconómicos que difunde el gobierno ponen a la economía española como referente mundial. Y lo son. La respuesta paternalista del gobierno es que los datos macroeconómicos preceden a las mejoras de las economías domésticas; que nos hallamos en el umbral del bienestar general como si fuera el maná. La agudeza de las amas de casa importa, pues son el termómetro de la economía real y se desesperan, pues piensan si su criterio es erróneo y las autoridades «nos hacen soñar que nuestros problemas económicos se van a terminar, a pesar de que los precios no cesan de crecer, pero no los salarios». En cambio, las grandes empresas publican resultados envidiables y el gobierno le crece la recaudación fiscal. La ciudadanía no entiende, pues todos se quejan, pero el gobierno nos tapa la boca con una lluvia de datos macroeconómicos que ni se entienden ni benefician, aunque sí al gobierno y a los grupos financieros que se reparten jugosos beneficios. Las amas de casa piensan que «tiene que haber algo que no entendemos porque nos engañan y no nos fiamos de los políticos». Sin embargo, ahora resulta que los consumidores tienen razón, según un grupo de economistas rebeldes, pues afirman que las variables básicas de los informes macroeconómicos tienen escaso interés para las economías domésticas, pero son la base para repercutirlos en los precios que eso si afectan negativamente a los consumidores y son el fundamento de los altos beneficios empresariales y del gobierno que aumenta los ingresos vía impuestos. Es decir, el crecimiento de la economía se produce a través de los precios que benefician a los empresarios, no de la productividad o de salarios superiores a los trabajadores. Realmente la euforia del mayor crecimiento del PIB y otras variables se producen a través de los precios que pagan los consumidores. Quizá sea más compleja la explicación de los economistas y de los empresarios, pero parece que el silogismo de las amas de casa es difícilmente rebatible por su lógica. Por eso los empresarios y el gobierno han empezado a explicarse en chino por medio de algoritmos, pues son los que los han inventado.


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