Olga Santisteban Otegui

El derecho a la sanidad pública

Cuando hablamos de sanidad hablamos también de salud (ese derecho tan básico y universal). «Desgraciadamente», hay muchos lugares y países en el mundo que no tienen ese derecho tan básico (y si lo tienen, es la mayoría de las veces, de una manera escasa o precaria). Nos podemos consideran «afortunados» nosotros y nosotras, de haber tenido la «suerte» de haber nacido o vivir, en ese «primer mundo» donde la sanidad o la salud, esa que se supone, financiada y sostenida por nuestros impuestos, justos y equitativos. Hace unos años, presumíamos de tener en el conjunto del Estado una de las mejores sanidades del mundo y era cierto, por calidad de sus coberturas y servicios. Pero lo cierto es que algo está cambiando y de manera alarmante (y más si tomamos como referencia la pasada crisis sanitaria). Ahí estuvieron en primera línea médicos y sanitarios y después se les «olvidó». Si antes se privatizaba o recortaba en salud (de una manera más o menos disimulada) ahora son ya muchas las comunidades (algunas más que otras) que con todo desparpajo nos llevan a una medicina privada y por consiguiente, menos recursos para la pública. No son todas, por igual como digo, pero entonces, ¿cuál es el problema? ¿Faltan médicos o enfermeras? ¿Quizás estos emigren, buscando mejores condiciones? ¿O por algún «oscuro» problema, ya no compensa la sanidad pública? No hace mucho, me comentaba un familiar, del otro lado del charco, que teníamos «suerte» porque allí, quien no dispone de recursos o seguros astronómicos, se puede arruinar o morirse. Pues igual me dejo más «tranquila» pero seguro, que no a las generaciones venideras.

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