El eterno retorno
Enric Vivanco Fontquerni | Barcelona
2018/12/06

El capitalismo desarrollado es impersonal, su rapacidad se ejerce indirectamente, y su voluntad de expansión es por medio de todos los recursos disponibles. Pero no por una voluntad de mejora: simple expansión. El patetismo impostado en los discursos y pláticas en los medios de comunicación respecto al auge de lo que denominan extrema derecha, con un mínimo conocimiento histórico, roza el ridículo. La extrema derecha siempre ha estado presente de forma directa o solapada en el trágico devenir histórico del siglo pasado, y ahora mismito en Europa. Los ejemplos son múltiples. En el Estado, el golpe de los militares chusqueros del 36, con el apoyo directo e indirecto de las potencias europeas, como Alemania, e Italia, ayudados por Francia y el Reino Unido, haciendo de comparsas con una neutralidad que perjudicaba al Gobierno republicano de forma descarada. En el año 1936, el acuerdo de Múnich, con la mediación de Mussolini, Alemania, Francia y el Reino Unido, pastelearon sin ningún problema territorios europeos a su conveniencia. En 1939 el pacto Molotov con Stalin, tres cuartos de lo mismo. A qué vienen las exclamaciones que las derechas del estado quieran incorporar a una secta, sufragada por los mismos que ponen dinero a Ciudadanos. Las políticas que quieren implementar son las que la extrema derecha está anunciando, respecto a la recentralización (coros y danzas), inmigración, estado del bienestar, cambio climático, y las amputaciones de las libertades de una sociedad compleja. La desgracia estriba que las izquierdas organizadas y reconocidas como buenos chicos, jamás han hecho políticas de rompimiento con nada. Ahora insisten que aprobando los presupuestos del Estado, y los de Catalunya, será la salvación del sistema social, francamente no me extraña que surjan Bolsonaros, porque el pitorreo es insufrible. El pánico hacia la derecha se combate escuchando a la población e implementando lo que necesita. Buscar chivos expiatorios como el islamismo, y ahora con las sectas que salen de las ubres políticas europeas; se obvia que las auténticas raíces europeas se alimentan con la sangre de las trincheras que construyeron y construyen por todo el planeta. Esta amnesia de los medios de comunicación mayoritarios, incentiva el eterno retorno.

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