Gerardo Hernández Zorroza

El peso del progreso

El desarrollo tecnológico de la especie humana ha sido espectacular. Hemos evolucionado tecnológicamente una inmensidad, pero no así en el campo, diríamos, del alma humana. El despegue tecnológico ha empeorado, drásticamente, la calidad de nuestros ríos y mares, de nuestro aire, y dañado gravemente el equilibrio natural, con su biodiversidad.

Sí, estamos heridos, pero si corregimos y no nos dormimos, aún no hundidos. Disponemos además de un torrente de experiencia acumulada, de lo que hemos hecho mal, de lo que no conviene seguir haciendo.

Sirva como ejemplo gráfico de equilibrio las antiguas balanzas romanas, que constaban de dos extremos, en uno de ellos, el brazo corto, se coloca el objeto a pesar y en el otro, un pilón contrapeso que se mueve hasta equilibrar la balanza. 

Un equilibrio donde el fiel o centro de la balanza, el que sostiene la situación o la pesa es el ser humano, que precisa actuar sobre el sistema para buscar el equilibrio. Este ejemplo nos sirve para ver que se ha dado un grave desequilibrio entre desarrollo tecnológico y humano. Si no estamos ciegos, o beodos, está claro que necesitamos cargar el peso sobre las humanidades, y no solo en su mero conocimiento teórico, que digamos es secundario, sino en su aplicación práctica para mejorar nuestro autoconocimiento, lo auténticamente primario.

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