Gerardo Hernández Zorroza

El recuerdo que nos cura

Cuando la desconfianza hacia la vida, cual pirata emocional, anida en el ánimo es fácil perder la perspectiva del último destino y quedar, como hechizado por fantasmas emocionales, anclado en la queja y sin rumbo, a merced de los vientos que soplan caprichosos.

Acostumbrados a esperar las soluciones fuera, a depender, se nos olvida a menudo que quién dirige nuestra nave, el piloto que la timonea por los mares amplios de la existencia, somos nosotros, y que si nos dormimos, antes o después, la nave va a encallar, y naufragamos.

Conviene por tanto no confundirse y encontrar, o recuperar, cuanto antes el sentido del viaje que se nos regala a todos, que no es la adquisición de tesoros u oropeles, sino de experiencias (algunas muy duras, es cierto) y aumentar nuestra capacidad para el viaje. La única que no se esfuma con el cambio de estado, eso que comunmente llamamos «muerte».

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