Miguel Harina Mitxelena

Elizako arbola

Nos han dicho cuál es tipo de sociedad en que vivimos. Entre otras cosas, nos dicen que es laica.

Juramento del cargo del lehendakari: «Ante Dios y ante la sociedad, etc. etc.».

Eso ante el Árbol de Gernika. Me he tomado la molestia de leerme la letra de su himno. El ordenador ha adquirido un indiscutible olor a incienso y sacristía al ir viendo los versos, en los cuales, entre otras cosas, puede leerse:
«Hace unos mil años/ que dicen/ que lo puso Dios/ Gernikako Arbola// (…) Te adoramos/ Árbol Santo/ Para amar aquí/Nuestras leyes justas// (…) Le hemos rogado/ Al Señor Dios/ que dé la paz// (…) Ahora y siempre/ la fuerza a vuestra tierra/ (…) Y bendición/ Al País Vasco// (…) =ara pedirle al Sr./ desde el corazón// Pongámonos todo / pronto de rodillas/ para pedir al Señor/ que viva para siempre/ Te adoramos/ Árbol Santo.»

La semana pasada se unen un grupo de artistas y músicos vascos, y piden, ni más ni menos, que esta monstruosidad estilística e ideológica se convierta en el himno de Euskadi. Decididamente, o no se han leído la letra, o se la han leído y les parece adecuada. No sé qué es peor. Parece que existe una mayoría a quien convence todo este sinsentido. Mis neuronas se convierten en mercurio.

Ahora, cuando voy por la calle, miro a la gente como en las películas de espías de la guerra fría hace 60 años. No sé quién es quién, pero sé cómo piensan algunos. Ese no es mi mundo. No es un país con los valores e ideas de una religión. De ninguna religión. No a estas alturas de la civilización. No a estas alturas de mi mente. Claro que no.
Estoy valorando atravesar el muro.

Bilatu