Es necesario un nuevo marco teórico
El marco teórico de la izquierda está absolutamente desfasado; continúan con unas recetas repetitivas que nos ha conducido a la parálisis actual. Considero que la izquierda es una losa en su forma de pensar y actuar, que nos ha llevado a un callejón sin salida. Por ello es imprescindible alimentarse con pensadores nuevos que sean capaces de ofrecer por lo menos visiones más inteligentes. Kodvo Eshun reflexiona que, en la actualidad, el sistema en el que estamos inmersos ha dejado de ser capitalista para convertirse en algo peor. Los fenómenos que acontecen cada día, a los que no damos la menor trascendencia, todo al final se convierte en moneda de cambio. El movimiento de población que sucede en acontecimientos deportivos repletos de empresas que manejan los eventos; ¿cómo es posible que una final del Mundial de la FIFA, un invento completamente opaco, más poderoso que los Estados, concite una audiencia de más de 2000 millones de espectadores? No tenemos ningún marco teórico que nos analice semejante desastre. Las explicaciones psicológicas no sirven para nada y, en definitiva, lo que hacen es reafirmar y nublar lo que en realidad sucede. Hito Steyerl abre una brecha para seguir profundizando y considera que Internet ha dejado de ser un espacio de posibilidad; se ha convertido en un circuito de vigilancia y de control, que funciona a base de mano de obra no remunerada. Se ha creado una clase dominante que la describe como vectorial, que se ha apropiado del vector de la información y es la clase dominante actual. Advierte que las formas de representación política cedieron terreno frente a las formas de participación del mercado, e incluso el mercado ya ha entrado en recesión y ha conseguido un mundo arrasado por la exclusión económica, el sobreendeudamiento y los disturbios. Nos indica que el fascismo aparece cuando la representación política colapsa, y lo peor de todo es que el fascismo bloquea la realidad; es un punto ciego de engaño y de muerte. Yves Citton, reafirma que la nueva clase vectorial, concentra su poder por medio de los flujos de la información y se encarga de ocultar el excedente. Tiene la autoridad no solo de controlar la información, sino también la atención y la cognoscibilidad. La nueva clase social tiene la potestad de convencernos de nuestras propias prioridades. Randy Martin atribuye que las elecciones pasan a ser una especie de pacificación del público en la que la voluntad general queda reducida a una mera decisión de mercado. Lo público se ha transformado como «correcto» y ha acabado por convertirse en un derivado de lo privado. Las organizaciones filántropas, que ponen por delante a los donantes que se encargan de decidir las partidas sociales, son en realidad un sector institucional de pleno derecho que hace una serie de funciones estatales. Cada vez más se ponen recursos públicos en manos privadas. Por ello no nos tenemos que extrañar de que lo privado abra el camino de lo que la población necesita. Cuando las masas en el siglo XIX eran vistas como un fenómeno peligroso y con posibilidades de descontrolarse, la nueva clase social surgida del control informativo ha adocenado absolutamente a las masas, a las que lo único que les interesa son las emociones, que empresas privadas hacen negocio de una población esclavizada en la búsqueda de una satisfacción ridícula.
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