Estilo Armendáriz: mucho por contar
Txus Pérez Artuch | Iruñea
2020/02/13

Recién entregados los premios Goya y Óscar, esta última semana se han marchado para siempre del artisteo y la farándula, dicho sea con todo el respeto y admiración, el centenario Douglas, Kirk, eterno Espartaco, y también el albaceteño director, Cuerda, José Luis, este último despedido a puertas de los setenta y tres.

He de reconocer que no he llegado a ver nunca de tirón su archiconocida ‘‘Amanece que no es poco’’, y al mismo tiempo que vi repetidas veces de niño, los quehaceres de Fendetestas en el tránsito por aquel bosque animado y que me enamoré del maestro Fernán Gómez anhelando y defendiendo una libertad amenazada en la pequeña escuela de ‘‘La lengua de las mariposas’’.

Sirvan estas líneas para además de echar un brindis póstumo por el buen hacer, en mi opinión, de Cuerda y por ser capaz de creer y llevar adelante sus proyectos, también para hacerlo válido y merecedor a aquellos que como él, llevan tiempo apostando por un oficio muchas veces prejuzgado y vilipendiado, y además, por hacerlo dando énfasis y valor a las raíces y al lugar de donde vienen. Me refiero con especial cariño y guiño al cineasta navarro, Montxo Armendáriz. Apenas dos años más joven que el manchego, ha sabido plasmar, a lo largo de su larga trayectoria, su forma de entender la vida de una manera especial y pausada.

Enorme legado documental de aquella Nafarroa que anunciaba el exilio de los pueblos a la capital y la no renuncia, encarnada en ‘‘Tasio’’, a la vida en el pueblo sin medir ni importar el precio a pagar. En un similar entorno de un pueblo pirenaico, nos regaló los entresijos de las relaciones personales desde los ojos de un niño que se asomaba al fin de su infancia conviviendo con las vacas, las arañas, su abuelo perpetuo en un sillón y sus tías y su madre opacas a desvelar secretos reservados al corazón. Con la nominación hollywoodiana, obsequió a los archivos, con la carambola con la que se cruzaba el río Arga iruindarra, peldaño a peldaño, mientras la corriente mareaba los pies molino de Caparroso abajo o con las canciones cantadas en las sobremesas de las bodas.

También dirigió a unos primerizos Botto, Verdú y Banderas en esas vidas sin control que reflejaron ‘‘Historias del Kronen’’ o ‘‘27 horas’’; puso imagen al universo Obaba de Atxaga.

Cuando alguien se va por ley de vida, los elogios se conjugan ya en pasado. Mucha fuerza e ilusión para un grande como Montxo. A los Aitor Arregi, Jon Garaño, De la Fuente y demás: que quede mucho camino por dirigir. Mila esker!

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