Cuidar lo de toda la vida
Eranse una vez, hace años, ciudades y pueblos en los que sus vecinos, iban a comprar a las tiendas de barrio. En los que se iba a la frutería de la esquina, a la tienda de ropa de la galería de en frente y hasta tirando de memoria y nostalgia al cine del centro. ¿Se acuerdan? En Bilbao eran los Ideales o el Capitol. En Barakaldo el Fantasio o los Dúplex, etc. Antes de ser engullidos por las macro superficies y las multinacionales.
Y quien dice tiendas de alimentación o pequeños templos urbanitas del séptimo arte dice también, por ejemplo, pescaderías, librerías, relojerías… Pequeñas. Familiares. Dignas. Que quizás no supimos cuidar. Seguro que conocen muchas. Hoy ha caído otra pequeña joya de esas de toda la vida. Esta era de ropa de montaña. La casa del monte, se llamaba. Podría decir muchas cosas de quienes lideraron y heredaron el proyecto. Del trato, del saber, del cariño, de la pasión. Esta semana me dieron la pésima noticia de que cerraron sus puertas hace poco. Y no podía menos que rendirles homenaje. A ellos. A toda la familia. Y todas esas otras tiendas. Las que un día nos solucionaron tantas necesidades con cariño sincero y cercanía. Y que bajaron sus persianas. Engullidas. Esta se llamaba casa. Mendiko Etxea. Pero se quedaron cortos. Era mucho más que eso. Era un hogar. Enorme pérdida.