Ideas para acompañar y contener en este camino de confinamiento.
Koldo Mansoa | Sicólogo
2020/03/25

Hemos llegado al final de la primera semana de confinamiento, una intensa semana, primera de un tiempo nuevo que nos está obligando a reflexionar acerca de muchas cosas. En su segunda acepción, el diccionario de la RAE define confinamiento  como «pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente, en libertad, en un lugar distinto al de su domicilio».

Salvadas las distancias, la definición parece aplicable a nuestra situación. Para sobrellevar esta paradójica forma de libertad, especialmente las redes sociales, tratan de estimularnos, animarnos y entretenernos con miles de propuestas. Todas las ideas pueden ser bienvenidas, deportivas, artísticas, culinarias… ya se irá viendo. Pongamos el acento por ahora en el hecho de que el confinamiento, aunque triste, también parece ofrecernos algo de libertad.

No sabemos cuánto tiempo puede durar esta reclusión en nuestros hogares, convertidos de pronto y por el maligno azar en lugares hostiles y asfixiantes en potencia… La desesperación, el miedo, el aburrimiento y el continuo entrechocar con nuestros más allegados, ponen a prueba nuestra paciencia y apelan a nuestra creatividad continuamente, porque nuestros hogares, como dice la definición, se han convertido en un lugar distinto al que eran hasta hace bien poco.

Dicen los sabios que la necesidad es la que pone en marcha el ingenio y la creatividad de las personas; nos mueve el deseo y desear equivale a vivir. Si podemos aceptar que no lo tenemos todo al alcance de la mano y no podemos hacer todo lo que deseamos, es decir, si nos hacemos algo más reales de lo que la publicidad nos hace creer que somos, tal vez aprendamos a renunciar a aquello que no nos conviene, nos hace mal o simplemente no nos es asequible, para dirigirnos más directamente a lo que está a nuestro alcance.

Una vez haya surgido el deseo, será sólo cuestión de llevarlo por un camino que la realidad no desaconseje o directamente deniegue. Por citar un ejemplo concreto, no parece aconsejable viajar a Cantabria o La Rioja, a una segunda vivienda, se entiende.

Caminando hacia atrás en busca del origen de esta situación de encierro solidario, encontramos una base poco estable de noticias amenazantes acerca de la salud pública. Se trata, al parecer, de una amenaza colectiva a la que ya la ficción ha recurrido en muchas ocasiones, por ello nos sobran las imágenes para construir nuestra propia versión del fin de la Humanidad.

Ante la incertidumbre y el desasosiego que puede producir lo desconocido, a veces preferimos que alguien nos diga qué es lo que tenemos que hacer, lo que puede significar que no nos paremos a pensar por nosotros mismos. La comunidad científica está cobrando una notoriedad significativa estos días precisamente porque hace un amplio uso del patrimonio de la duda. No es malo no saber, al menos, es peor negar la ignorancia. Es así como las interrogantes van definiendo el largo y laborioso camino del conocimiento.

El ámbito sanitario tiene ahora el foco sobre sí y los profesionales son interpelados con alguna premura en busca de claves que ayuden evitar que la gente enferme, sea física o mentalmente. Asumiendo de entrada, que la sorpresa y la incertidumbre de lo que estamos viviendo es común a todos los ciudadanos, independientemente de su profesión, los sicólogos, por ejemplo, tratamos de ofrecer algunas ideas que sirvan para acompañar y contener en este camino de confinamiento.

Expongo aquí unas ideas:

Consume información con moderación, trata de elegir las fuentes y, sobre todo, intenta pensar por ti mismo acerca de lo que leas, veas o escuches. Acepta tus límites hasta que se amplíen con conocimiento. Pero, atrévete a saber.

Trata de hacer aquello que te sienta bien y está al alcance de tu mano, no te centres en lo que el confinamiento impide o prohíbe.

Crea rutinas que organicen tu tiempo y te contengan, disminuyendo de este modo la sensación de que todo es lo mismo, porque no todo es lo mismo, encuentra o crea las diferencias, entre ayer y hoy, mañana y tarde, antes y después…

Piensa en aquellas tareas más tediosas que nunca quieres hacer (y probablemente ahora tampoco, por largo que sea el confinamiento) y construye argumentos irrebatibles acerca de por qué tampoco ahora merece la pena llevarlas a cabo, o sí, sálvate o condénate.

Decide cómo quieres hablar a tus hijos o a las personas que están a tu cargo acerca de «esto que está ocurriendo». Para ello pregúntate: ¿estás preparado para conceder un lugar a la duda en tu discurso parental, admitiendo por ejemplo que no sabes qué está ocurriendo con mucha certeza y que parece que tenemos que hacer tal y cual cosa, y que ya se irá viendo? Como norma general es mejor que las personas manejen una información realista que puedan comprender y tolerar, una vía natural para madurar.

La clave para que los niños no se asusten en exceso podría estar en que, en la medida de lo posible, sus padres transmitan tranquilidad y serenidad, pudiendo convivir con lo incierto sin entrar en pánico, lo que implica que no hay que comprar todo el papel higiénico para un lustro de una sola vez, y es cierto que impresiona ver a la gente haciendo acopio masivo de algunos enseres y cuesta no sentirse invadido por un intenso deseo de hacer lo propio, cómo no voy a imaginarme sufriendo los sinsabores de que me falte algo, especialmente si me convenzo de que los demás nadan en la abundancia.

Al tiempo que el Covid19 se ha convertido en el tema principal y en una suerte de hilo conductor que iguala a una sociedad de por sí poco igualitaria e inclusiva, parece poder advertirse en las personas, una necesidad de abandonar (seguramente sólo posponer) rencillas y desencuentros habituales, para agradecerse, ayudarse, animarse…

A riesgo de sonar un poco ingenuo, no parece del todo malo, que el gobierno y las entidades que ejercen la caridad de forma oficial, tengan que «reclamar» sus competencias ante una ciudadanía que ya se está poniendo en marcha de forma local ofreciendo ayuda a los vecinos…

Una reflexión final acerca de los colectivos más vulnerables de la sociedad, personas mayores, personas que sufren alguna enfermedad mental, personas que dependen de otras personas para atender sus necesidades instrumentales más básicas, personas atrapadas en una situación de marginalidad… todos los que ayudan necesitarán también ser ayudados y en algún momento habrá que permitirles descansar.

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