Lourdes Aretxaga | Trabajadora de Residencia

Insensibilidad institucional en el conflicto de Residencias de Bizkaia

Cuando la insensibilidad se institucionaliza, ¿qué podemos esperar los ciudadanos?
A las trabajadoras de Residencias no nos hace falta que nos pidan sensibilidad, está más arraigada de lo que podría pensarse porque nosotras sí estamos con los más vulnerables, convivimos con ellos y de una manera u otra nos une la precariedad de nuestras situaciones.
Para la patronales solo son una fuente de ingresos-volumen de negocio lo llaman ellos. En un mundo que va a mayor longevidad son la gallina de los huevos de oro… mientras duren las actuales pensiones… veremos qué pasa cuando estas disminuyan y aumenten las necesidades.

Para las instituciones es algo muy de campaña electoral, de tener para quedar bien… pero al final «los viejos» generan déficit y hacen desviar partidas presupuestarias, son un invitado «difícil de ver». Aunque no lo digan, los ancianos no generan, sino que consumen recursos que antes ayudaron a crear. Tratándolos así no es de extrañar como tratan a sus cuidadores, a las trabajadoras de residencias o a domicilio… cuanto menos «mejor», menos servicio, menos gasto, eso sí con apariencia de más. Estuve en la negociación del primer convenio de Residencias Privadas de Bizkaia y nunca olvidaré las palabras del Diputado general de Bizkaia de turno, referidas a evitar la visibilidad de la decadencia a la que se llega en la ancianidad para lo cual no escatimaría en fomentar cajones desastre donde recluir a los ancianos y no verlos por las calles, eso sí, lo que pasase dentro no le importaba. Y así seguimos. Y todo con dinero público, de lo que no cuesta se llena la cesta… ¿la de quién? Y nos rodeamos de boato cuando se hizo la Ley de Dependencia, ordenes forales y de Gobierno Vasco.

Cuanta palabrería, cuanto vacío ético y moral, cuanto insulto velado y directo a ciudadanos considerados de quinta, por decir un ordinal, (ancianos y trabajadoras).

Ya hora el Ayuntamiento se une a la guerra por silenciar a la voz de las trabajadoras que, más allá, de hacer una reclamación de condiciones laborales, estamos denunciando la verdadera situación para un sector llamado a ser el mayoritario en breve espacio de tiempo. A través de las reclamaciones de las trabajadoras, se ha constatado una realidad que nadie quiere abordar con humanidad y sensibilidad. Todo se reduce a dinero: dinero de las instituciones –pero que es de toda la ciudadanía, no de sus rectores– dinero de las patronales que solo tienen interés en cuadrar cuentas y generar beneficios, disfrazados en una palabrería inventada.

Una autentica pirámide de poder, donde los importantes son los de arriba, los que rigen, los que se distribuyen y atribuyen la potestad de decidir el bien y el mal.

Hace falta más sensibilidad, hacen falta recursos humanos. ¿Dónde está el cuidado del cuidador? Para que ellos estén bien hace falta que quienes están a su servicio también lo estén, que se tenga consideración y respeto hacia los mayores y quienes están a su servicio porque ellos ya no tienen plena capacidad. Cualquier persona que tiene o ha tenido a su cuidado a un familiar ya mayor, sabe  de qué estamos hablando las trabajadoras de Residencias y a domicilo.
Hay insensibilidad de genero, se presupone que el trabajo domestico –no remunerado– del ama de casa, si la etxekoandre de toda la vida, se traslada a las residencias, para «hacer lo que mejor saben hacer las mujeres –cuidar– y encima se les paga por ello»... con esta premisa, lógico que no se entienda de que nos quejamos.

Prioricemos este conflicto como una cuestión humanitaria y dejemos la política y alardes de poder, menos obedecer a «la voz de su amo» anulando incluso los propios sentimientos. Mucho solidarizarse con causas que pillan lejos y poco atender las necesidades cercanas.

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