Juez Garzón: ¿arrepentimiento u oportunismo?
Recientemente este juez ha concedido una entrevista, Una aparición en público más de las que viene haciendo desde su expulsión de la carrera judicial. Cuántas caras puede mostrar este «defensor de la legalidad?». Afirma que gracias a su tesón no se archivó el caso Gürtel, aunque en su instrucción cometió tantas irregularidades que le costaron la carrera judicial. Sólo habría que comparar la época como «Juez Campeador»: distante y despectivo con los medios, con la actual en la que es la estrella en foros y programas de televisión hablando de todo lo que se le ocurra. Aparece cálido y dialogante con los periodistas porque busca protagonismo para mantener sus ansias de venganza contra los jueces que firmaron su sentencia de expulsión como juez. Ahora publica libros y coquetea con partidos de izquierdas tratando de que se le nombre candidato a diputado. Critica a la justicia con inquina, la misma que defendió cuando estaba en activo. Se ha manifestado a favor de los jóvenes del caso Altsasu afirmando que no es terrorismo, pero en su época de juez que buscaba brillar como juez estrella fue el creador del slogan «Todo es ETA». Habría que recordar que nunca investigó las denuncias de tortura de presos que habían sido interrogados por la Policía y Guardia Civil que declaraban ante él desfigurados por las torturas. Colocó micrófonos en las salas donde se reunían presos con sus abogados. Por medio de estas escuchas ilegales conocía estrategia de defensa de sus investigados. Sin olvidar que Felipe González le nombró secretario de Estado en el Ministerio del Interior, aunque dimitió pronto, pues no cumplió su promesa de nombrarle ministro del Interior. Volvió a la judicatura, pero juró a Felipe venganza. Para ello dio publicidad a todos los entresijos delictivos del GAL, y como consecuencia fueron encarcelados Barrionuevo, Vera y la plana mayor de Interior. El final provisional fue una crisis de Gobierno, nuevas elecciones que perdió el PSOE, cuando las daban por ganadas. Aunque el asunto del GAL todavía está cubierto por un velo que lo disimula. Conviene no confiar en los conversos: siempre están al acecho.