La amenaza
Gerardo Hernández Zorroza
2020/08/10

En medicina, las PCRs –que se utilizan también para el diagnóstico de enfermedades no infecciosas– precisan del contexto clínico para establecer el diagnóstico mediante la prueba. Siempre hay un porcentaje, variable según los procesos, de falsos positivos. En el caso éste del covid-19, es mayor del 10%, aparte de otras consideraciones sobre su validez.

Es de locos tratar de protegernos del «bicho» en base a test extensos a la población e ignorar las tremendas repercusiones que esto causa, está causando, en las diferentes comunidades donde se estudia. Destinado parece todo a causar más problemas que aquellos que evita. Por otra parte, no están preparados nuestros gobiernos para un nuevo brote, protestan airados desde un gremio sanitario cada día más confundido y enrabietado, pudiendo decirse con bastante aproximación que estamos incurriendo en mala praxis, inmersos en un trastorno delirante colectivo de miedo, al que colaboran generosamente los grandes medios de comunicación con su potente altavoz subvencionado.

Lo de la Cartilla Covid de Madrid sonaba estos días a chiste, pero en breve verán que posiblemente no suene tanto. No se sabe casi nada sobre la inmunidad al virus y ya se atreven los insensatos a proponer cartillas de control –y sello– para la población.

En Euskadi, Osakidetza cierra este verano, como es su costumbre, 1.000 camas hospitalarias y, sin embargo, siguen asustando a la población con una nueva olaeada de casos. Contradictorio parece...

Seguimos... En toda Europa no se obliga actualmente al uso generalizado de mascarillas en espacios abiertos, pero aquí sí, pues debe ser que respiramos o tosemos más fuerte.

Más... Como cuando la gripe A –y el famoso «pelotazo» de las farmacéuticas implicadas– se está aconsejando adelantar desde la Asociación de Colegios Médicos la vacuna de la gripe estacional (la normal). Vamos, un déjà vu.

De todo esto sabemos además que saldremos empobrecidos y escaldados. Bueno, todos no que, los de la lista Forbes, como ya es habitual, sacarán sus pingües beneficios.

Y no hablo de las élites financieras y sus planes de mangonearnos a todos (ciudadanos y gobiernos deudores, cada día más empobrecidos por las sucesivas «crisis»).

Pero no todo es malo, pues son ya muchos los que se están dando cuenta del «percal» que nos venden, replanteando su manera de vivir y afrontando sus miedos. Por si alguno está interesado, el libro "Consciencia y sociedad distópica" puede ayudarles en todo ello.

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