Igone Ciudad Herranz

La falsa conciliación laboral

Estimada directora: 

Le escribo todavía con la impotencia en el cuerpo tras lo vivido hoy. Mi hijo se puso enfermo esta mañana y entró conmigo a urgencias a las 8.00. Mi horario laboral es de 8.00 a 15.00. A las 12.00 me reincorporé de inmediato a mi puesto de trabajo. Soy consciente de que la ley actual no permite acompañar a un menor al médico en horario laboral. Pero mi sorpresa ha sido que tampoco tengo derecho a llevarle a urgencias en dicho horario, ya que la ley tampoco ampara las urgencias médicas. Incluso aportar el justificante es aportar un papel mojado. 

Da la casualidad de que trabajo en Osakidetza y me parece indignante que la propia administración, que se pasa todo el año lanzando campañas de promoción de la salud, ignore la prevención en estos casos. Ya es bastante triste que los seis días de asuntos propios que podría coger para descansar los use para llevar a mis dos hijos a sus citas médicas. El colmo es que, si el menor termina siendo ingresado en planta, sí tengo derecho a faltar esas horas, incluyendo los consabidos cinco días por ingreso. Pero si no le ingresan, no tengo derecho a faltar. 

Un menor, por lógica, ética y por Ley, no puede acudir solo al servicio de Urgencias. ¿Qué pretenden? ¿Que lo mande en un taxi? 

Todo esto ocurre mientras el Trebep ampara las ausencias por fuerza mayor familiar. Pero no es solo en el caso de los funcionarios; esto lo ampara también el Estatuto de los Trabajadores. Nos pasa a todos y no solo a los padres y madres. Si algún día tenemos que acompañar a un familiar a Urgencias, deberemos esas horas. Eso, si no nos despiden por faltar al trabajo. 

Aquí radica, además, una contradicción flagrante, pues el propio acuerdo regulador reconoce una bolsa de 50 horas anuales para el cuidado de familiares mayores o dependientes. Es incomprensible que el sistema proteja a nuestros mayores pero deje en el limbo administrativo la urgencia médica de un hijo menor. 

Al final, esta rigidez absurda solo provoca que aumenten las bajas laborales de trabajadores sobrepasados que necesitan cuidar a sus familias; bajas que terminamos pagando todos de nuestros bolsillos. Mientras se sigan obstaculizando las urgencias familiares, la conciliación seguirá siendo un mito. 

Atentamente. 

 

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