Javier Orcajada del Castillo

La nueva potencia mundial: Panamá

Este minúsculo país se ha convertido en la potencia capaz de desestabilizar el mundo sustituyendo a las tradicionales como EEUU, Gran Bretaña, Rusia entre otros. Según «expertos de la fantasía», se calcula que entre ambas orillas del Atlántico Norte pulula una masa de 30 billones (un billón es un millón de millones) de dólares y de los cuales tres de ellos están localizados en Panamá. Las acusaciones a España son de antología, por más que nuestras instituciones ya están seriamente degradadas gracias a la capacidad de autodestrucción de nuestros políticos. Panamá no necesita armas o soldados para dominar a sus competidores, se ha valido de los «Papeles de Panamá» Por esa causa el primer ministro ingles, Cameron, tendrá que dimitir. Lo mismo que Putin en Rusia o Magri, en Argentina, Y están bajo sospecha las grandes fortunas de los países petroleros, el proxeneta Strauss-Kahn y otros muchos. En España a la hermana del anterior rey también la han pillado, con la curiosa coincidencia de que la sociedad offshore de la que fue administradora se fundó al ser nombrado Rey Juan Carlos como sucesor de Franco, liquidándose horas antes de su abdicación.

 El vendaval de empresas domiciliadas en Panamá por ilustres especuladores españoles se parece a una película de Santiago Segura y muestra que nuestros patriotas se forman en Panamá… Lo cómico es la actitud de Montoro: cada vez que intenta dar una explicación para salir del marrón, se hunde más si cabe en el estercolero en el que ha convertido a nuestra amada patria. Porque traslada a la opinión pública la impresión de que se trata de un asunto trivial, mientras, la ciudadanía se siente escandalizada no sólo de lo que se publica, sino que, además, comprueba que los políticos y empresarios españoles son tan ineptos como para no saber crear sus negocios fraudulentos sin el soporte de un sistema de evasión legal de impuestos, blanqueo fondos o comisiones por operaciones que son estafa. Pero nadie afronta la evidencia de la necesidad de paraísos fiscales para canalizar la evasión de fondos que se localizan legalmente en sus empresas en Panamá, que denominan asépticamente «Offshore», logrando que sus propietarios sean invisibles, incontrolables e inidentificables.

Si las autoridades tomaran en serio para que los paraísos fiscales desaparecieran, sólo habría que establecer leyes que impidieran su actuación y prácticas, imponiendo sanciones ejemplarizantes a quienes las contravengan. Claro que seguramente el gobierno que decretara tal legislación sería derrocado de inmediato por presiones de los poderes financieros mundiales que son los que realmente mandan en España y en todo el planeta.

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