La política como construcción del futuro
El futuro lo desconocemos pero llega inexorablemente por mucho que se quiera obviar. Hace décadas que se oculta el auténtico valor de la política, con la triquiñuela de la gestión. Todo el espectro político participa de semejante engaño, con gran alegría, con la retórica que la ciudadanía lo que quiere es que se le resuelvan los problemas del día a día. Las instituciones, junto con los funcionarios, son los encargados para resolver las necesidades cotidianas. Una sanidad que es incapaz de gestionar la pandemia de forma adecuada, como el desbarajuste en el que se ha situado, ha sido debido a la falta de política, ya que se ha reducido al monoteísmo económico, en el que estamos inscritos. La economía es el nuevo dios, que todos los partidos políticos adoran, con discursos distintos solo en matices, hasta los sindicatos se han convertido en los monaguillos para recitar el catecismo dominante. Hay que ser muy fanático para no observar que la pandemia ha dejado a los Estados, como peleles sin ideas. Los gobiernos son unos descabezados corruptos, como en el caso del canciller Kurz, una futura promesa que se ha largado a USA, empleado por una multinacional financiera con toda su cara. El pobre ciudadano que dispone de un pequeño negocio, lo está ahorcando todo este entramado financiero, de las grandes corporaciones que están haciendo el gran negocio que les ha caído del cielo. Siempre la miseria humana brilla con todo su esplendor en momentos como el que estamos soportando de forma increíblemente estúpida. Ahora se debe exigir responsabilidades y nuevos proyectos, para encarar un horizonte mejor que el actual, y no esconderse en retoricas estúpidas, si se puede ir, o no ir, a beber en cualquier antro nocturno. La política se reduce si un Primer Ministro, ha estado en un jolgorio en pleno confinamiento, cuando los indecentes millonarios, que son los que hacen la política, estaban con sus yates, aviones y helicópteros, en sus islas compradas, gracias a la desidia de la ciudadanía, que se conforma con unos miserables presupuestos anuales, que lo único que reafirma es el detritus en el que estamos. Es auténticamente soez la reducción de los días que un enfermo debe volver a su puesto de trabajo, y en el caso de las escuelas, no hay epíteto que lo pueda describir. Durante años hemos asistido a la reducción de los puestos de trabajo como algo lógico, que como se está evidenciando en la actualidad en nada lo era. Que un porcentaje de la población enferme representa la paralización de sectores económicos. Esto guste o no guste, es fruto de la inexistencia de la política, que su objetivo es construir un futuro, y no el presente siniestro en el que estamos.