La rigidez de los políticos les hace vulnerables
Javier Orcajada del Castillo | Bilbo
2018/06/08

Las amenazas del ministro del Interior a los que pitaron al himno nacional y al rey durante la final de la Copa muestra la gran ingenuidad de las autoridades, pues provocan una tentación insuperable en los espectadores juveniles y críticos al sistema presentes, porque para ellos supuso gozar impunemente por unos instantes de la erótica de humillar a los que mandan, parapetados en la multitud. El ministro traga el anzuelo como un panchito. Item más: colgar la estelada trepando en los acontecimientos multitudinarios deportivos o políticos en Catalunya o la ikurriña en los ayuntamientos navarros durante las fiestas en los lugares más inverosímiles o descolgar la bandera española que las autoridades obligan a colocar en lugares disuasorios para evitar que sean arrancadas, constituye una tentación insuperable para gente joven que goza humillando públicamente los símbolos nacionales para sustituirlos por los que constituyen sus sentimientos patrióticos. La persecución obsesiva por parte la Policía y Guardia Civil de nombres de localidades que han adoptado de nuevo su denominación original vasca o catalana persiguiendo a los revoltosos que provocan estas tensiones, supone un aliciente para los jóvenes que tratan de transgredir leyes o imposiciones de las autoridades centralistas obsesionadas por mantener inmutables unos principios que tienen una importancia anecdótica. Pero la tozudez de las autoridades que se empeñan en meter el agua en una cesta constituye un aliciente para provocar a los mandos policiales. Parecería un sarcasmo que en un país con problemas tan graves planteados, caigan en el divertido juego del ratón y el gato. Por ese procedimiento los jóvenes tienen asegurada la diversión emocionante provocando a los agentes que entran al trapo enfurecidos como gallos de pelea. Y será el argumento para seguir ampliando las plantillas policiales. Para los jóvenes es la forma de testar su capacidad para incordiar a atléticos agentes, pero nula psicología, pues su misión no es pensar, no saben. Son manejados por los que ellos denominan «expertos policiales» cuya formación intelectual tiende a cero y hace sonreír a las de otros países más serios. De esta forma se va generando el caldo de cultivo para acelerar la venida de la república gracias a la ingenuidad de políticos necios que creen que se puede contener la fuerza arrolladora de las ideologías populares a base de prohibiciones o fuerzas sin criterios. para que cazar a los revoltosos. Et sic transit gloria mundi.

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