Koldo Gilsanz Bravo

Living la vida loca

Construir un futuro es una quimera, un espejismo fruto del asfixiante calor que produce el miedo. Construir un futuro es aferrarse a la vida y no fluir con ella. Es no poder atender a lo emergente, en pos de algo abstracto a lo que agarrarnos por si acaso.

Europa está organizada por unas normas que nos hacen claudicar sin darnos cuenta. Tenemos presión para ser alguien, como si con el mero hecho de nacer no se nos otorgara el ser. Y tenemos prisa por lograrlo, como si hubiera un plazo para conseguirlo, si no…
 
La sociedad líquida ha derretido los estándares convencionales, ha flexibilizado las etapas de la vida y ha reblandecido los relojes, pero éstos siguen funcionando con el renovado fulgor del miedo que, en el zénit de su esplendor, alimentados por la máquina del fango, llegan a asemejar el tic-tac de una marcha militar.

Cual ovejas asustadas, nos llevan corriendo a su redil, el risueño pastor y sus perros. Y no te pares, sigue construyendo tu futuro, porque si no…

Pero yo no puedo pensar en construir mi futuro; no quiero. Mi alma está en ruinas, como las avenidas de Alepo. Mi corazón hecho añicos, como las vidas de las millones de personas que huyen de unas guerras retorcidas que acaban con los más inocentes de la contienda encarcelados y despatriados.

Y al mismo tiempo, en el nombre del desarrollo y del omnipotente Occidente, nuestro bienestar es subyugado desde Bruselas, donde se negocia sibilinamente un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

El pastor ríe excitado. En esta situación de incertidumbre las ovejas galopamos en busca del redil seguro, del grial sagrado. Y en medio de esta algarabía nos olvidamos de ser, cegados por el tener. Hipotecamos el hoy por el mañana, y no nos paramos, porque si no…

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