Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Los totalitarios

Nadie se pregunta: ¿por qué?, hay un pensamiento ideológico, que cada vez tiene mayor predicamento, que no es otro que el muy mal denominado de extrema derecha-fascista-nazi-populista-negacionista.

Se hace un cóctel con estos ingredientes, que es un veneno sin antídoto. Cada grupo político utiliza el que cree conveniente, para resaltar sus propios intereses. En absoluto para solventar el problema.

Durante cuatro años, los que se escandalizaban por cualquier frivolidad, por la derecha, la izquierda, y los que han reverenciado a Trump en muchos momentos siempre ha sido para mantener su clientela.

Hemos podido comprobar la reacción de una parte importante de la población en Europa, respecto a la pandemia, que se ha disfrazado como en un carnaval, con intereses espurios. Siempre detrás de cada grupo de ellos hay intereses económicos.

El patriarcado, los violentos, los que nunca dudan de sus opiniones, los que quieren eliminar por la violencia el pensamiento que no comparten, los que bloquean la política con leyes, para mantener su estatus de mera conveniencia, son una población que porcentualmente es importante.

Hitler y Stalin fueron contemporáneos y no se puede prescindir de los asesinatos que estos individuos propiciaron. Como tampoco de los muertos por un sistema económico imperialista e injusto, con una ideología tramposa, que se vehicula por los medios de comunicación de masas. No hay fines buenos, sembrando cadáveres.

¿De dónde sale todo esto? La mayor parte de las instituciones en Europa viven ancladas en el inmovilismo, perjudicando a la mayoría de la población, en una realidad que se va autorreproduciendo para bloquear el menor cambio.

Las élites y las minorías gozan de una formación exclusiva, en sintonía con la función que van a desempeñar. El resultado es la incapacidad para poder comprender el presente en el que viven. Es lastimosa la falta de pensamiento holístico de los llamados científicos y de los penosos argumentos de los políticos, con el añadido de un empresariado, que llamarles analfabetos, un insulto a los saberes tradicionales, gracias a los que todavía existe el ser humano.

¿De dónde sale el pensamiento violento y vengativo? De todas las instituciones represivas que disponen de una formación específica: ejército, policía, servicios de seguridad del Estado, de los estamentos judiciales, las organizaciones empresariales, sindicatos domesticados y, naturalmente, los partidos políticos, que no hacen nada para cambiar este contubernio tramposo. Son instituciones autónomas, sin el menor control poblacional. Esta es la semilla de la intolerancia, que cada vez se va extendiendo.

Mientras estas instituciones no sean democráticas, es imposible hablar de democracia.

Bilatu