Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Lugar santo

El turismo masivo, como el prêt-à-porter, y el fordismo, están íntimamente unidos. Es una industria, salvaje como lo fue la primera industrialización. Por esto, cuando se menciona que estamos en una etapa posfordista, no es del todo cierto porque el sector turístico, se ha convertido en una máquina de mover emociones, a masas incapaces de apreciar que les están manipulando de una forma miserable. Los cruceros en el que traslada a miles de personas, y los expulsan por horas en los respectivos puertos donde atracan, configuran en poco tiempo una saturación por donde pasan. No hay solución. Se sabe y por esto no hay que dudarlo, ya que desde hace años destrozan y cambian completamente barrios enteros de la ciudad, con el consiguiente abandono de una población centenaria, junto con los comercios del barrio. Los pequeños comercios por la presión inmobiliaria desaparecen y son sustituidos por tiendas para turistas de las grandes cadenas internacionales. El barrio lo asesinan. Todo esto sucede cada vez a mayor velocidad, y mayor extensión, ya que llegan más cruceros con más capacidad de ganado. Es un sector con un poder de corrupción inimaginable, compran a todas las instituciones, y personas conocidas, y por supuesto los medios de comunicación vía anuncios, o directamente sin el menor problema. Las personas estamos completamente a merced de semejantes piratas. Barcelona, como Venecia, y cada vez más por desgracia más ciudades. Destrozan no solo el patrimonio de la mayoría, también sus recuerdos, sus vivencias, sus paseos, sus tristezas y alegrías, hacen invivible para los autóctonos el poder disfrutar de sus rincones y memoria. Es una calamidad sin par. Perdón por escribir un asunto personal, pero es la prueba de la injusticia en el que la vida no vale nada en comparación con unas ganancias económicas, que marchan hacia los fondos de inversión, el resto es miseria y trabajos esclavos. De niño y de joven, vivía al lado de la Catedral de Barcelona, cuando estaba necesitado de silencio para poder pensar mis problemas como estudiante, ya que tengo un récord absoluto de asignaturas suspendidas, entraba en la Catedral, para intentar coger fuerzas de lo que me venía encima, me ayudaba en el tránsito de infelicidad y de congoja, que ni yo mismo sabía gestionar, pero este espacio de silencio y de quietud, me daba fuerzas para seguir resistiendo. Sabía que mi abuela también iba, aunque nunca coincidimos. Son recuerdos que te hacen humano. Ahora es totalmente imposible poder acceder. Las hordas de turistas con pago de nueve euros impiden, en un lugar supuestamente santo, poder limpiar la angustia que los humanos debemos sobrellevar. Esto es el turismo desenfrenado y me genera una tristeza inmensa.

Atentamente.

Bilatu