Mikel Basterretxea

Mamá, quiero ser artista

El cielo moja el Arriaga. Abro el paraguas y camino. En la pared, una cara de papel se desdibuja por momentos. Es Concha Velasco, pelo cano y bastón en mano. Una flor de tantas que se marchitan al otro lado de la fama, ajenas al paso del tiempo. El desconcierto y los murmullos me frenan. ¿Brindar con la decrepitud por solo veinte euros? Dudo y paso. Cierro el paraguas y saco un billete: «Sexta fila, por favor». Se levanta el telón, el teatro se derrumba. Un aplauso no evita lo imposible y los tablones del escenario astillan las tablas de la actriz. 81 son muchas primaveras, suficientes para afrontar con dignidad un retiro a su altura. Pero no, ha decidido morir en el escenario, al fin y al cabo, así son los artistas. El rastro de la chica ye-ye lo eclipsa el rostro de una artista inmersa en el olvido. Qué más da, son artistas. Agradezco las gotas que me esperan al salir. Al fin y al cabo, hay mucho que barrer y tiene que llover... A cántaros.

Bilatu