Jon Argüeso

Mascarillas, especie invasora

De todos los colores que alberga la naturaleza, el que menos esperas encontrarte es el azul. Pero un azul que chirría entre el silencio más frondoso del monte, el de las mascarillas. Al menos eso esperamos los que vamos a disfrutar de una caminata.

Son las 11 de la mañana en un pueblo del norte de Burgos, habrán transcurrido dos horas y 4 kilómetros desde que lo hemos abandonado entre senderos. La mirada se pierde entre calzadas romanas, nogales y fuentes. Hasta que agachas la cabeza y piensas: «¿No puede ser, una mascarilla aquí?». Resulta que nos hemos topado con una cantidad asombrosa de mascarillas tiradas. Unas cinco. Sin contar otros residuos.

¿De qué nos sirve entonces ir al monte a desconectar? Si no somos capaces de mantenerlo limpio para que el siguiente que suba disfrute de esa esencia. O vamos más allá, ¿Es tan difícil depositarlo en un contenedor? Nunca entenderé qué significado tiene el término «empatía» para ciertas personas.

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