Puri Vinagre y Aniceto Rubio, integrantes del Ateneo Republicano de Araba Eraiki

Memoria histórica

En los últimos días, nuestra asociación cultural ha recibido la negativa de un centro regional a acoger una exposición sobre un acontecimiento de nuestra memoria histórica ocurrido precisamente en la región a la que dicho centro representa. El argumento esgrimido ha sido que abordar este asunto supondría «meterse en política». Vaya de antemano nuestro respeto y nuestra consideración de que su decisión es, a todas luces, legítima, sin duda, pero el razonamiento merece, cuanto menos, una reflexión pública.

Hablar de memoria histórica no es hacer partidismo ni propaganda ideológica. Es, o debería ser, un ejercicio democrático básico: reconocer a las víctimas, dignificar su sufrimiento y garantizar que los hechos que marcaron de forma traumática nuestra historia colectiva no caigan en el olvido ni en la tergiversación. Confundir memoria con «política» es reducirla a una disputa de bandos, cuando en realidad se trata de derechos humanos.

Nuestro ordenamiento jurídico no deja este asunto en el terreno de la opinión. Existen leyes que reconocen el derecho de las víctimas y de la sociedad a la verdad, la justicia y la reparación. La memoria no es un capricho ni una moda: es una obligación ética y legal de las instituciones públicas y culturales, precisamente para fortalecer una convivencia basada en el conocimiento y no en el silencio.

Resulta paradójico que se considere neutral evitar estos temas. El olvido nunca ha sido neutral. Callar también es tomar partido, aunque sea por la comodidad o por el miedo a incomodar. Los centros culturales, por su propia naturaleza, deberían ser, en nuestra opinión, espacios para la reflexión crítica, no solo para aquello que no genera debate.

La memoria histórica no reabre heridas; lo que las mantiene abiertas es la negación, la ignorancia o la indiferencia. Recordar no es vivir anclados en el pasado, sino aprender de él para no repetirlo.

Ojalá avancemos hacia una sociedad que entienda que recordar con respeto no es «meterse en política», sino hacer justicia y profundizar en la democracia.

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