Gerardo Hernández Zorroza

Mente vieja y mente nueva

No hay futuro siguiendo el pensamiento dominante, y a la «lucha» no le sirven ya las armas de antes. Si no cambiamos nuestra forma de vivir, si no aprendemos a no depender de lo que pensamos que podemos o no hacer, o si tenemos o no lo suficiente para empezar a cambiar, incluso de si debemos o no hacerlo (lo «religioso» en nosotros), el camino está destinado a complicarse, sin remedio.

La «lucha» ha dejado de ser social, para ser –primero– individual, requiere de nuestro crecimiento (interior), que empieza en el autoconocimiento y depuración de aquello que nos impide avanzar.

Desde la vieja forma de pensar, se ve a la gente muy preocupada por su ajuste al trabajo, por estar o no bien «formada», o por si tiene los recursos suficientes (de papel-dinero) o, inclusive algunos, por seguir al Dios correcto que, por supuesto, sitúan fuera y necesita de sus fieles.

Desde un pensamiento nuevo (aunque es muy antiguo), nos preocupamos por seguir nuestro propio camino, lo cual no significa abandonar todo lo conseguido, sino actuar desde una inteligencia propia, no prestada, que no nos somete a su capricho y arbitrio.

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