¡Nada de nada!
- Estoy aprendiendo a ser agradecido: una mañana o una tarde, que ahora no puedo recordar bien, le di las gracias a la nada.
- ¿Por qué le dijiste ‘gracias’ a la nada, nada más y nada menos, que a la nada?
- Porque no me molestaba nada.
- ¿Y qué te dijo ella?
- Como está muy bien educada me contestó: ¡De nada!
En la guitarra una nota o un silencio invitan y dan impulso a la siguiente nota o al siguiente silencio que va a sonar y a ser oído con fruición y respetuoso silencio. Podemos pensar que somos músicos en la orquesta universal, que nuestros hechos, todos y cada uno de ellos, abren el camino, empujan, invitan, dan impulso a la siguiente nota, a la siguiente canción. Cada uno de nuestros actos, acciones y omisiones son notas o silencios en nuestra común sinfonía. Yo no sé con exactitud dónde empieza ni hasta dónde llega todo este misterio con tantas repercusiones en la vida. No lo sé. Además, quiero decirte que con decirte esto que te digo no te digo apenas nada nuevo. Tú, hace tan solo unos días, me decías:
‘nunca nada es igual a nada, nunca’,
y que cada momento es siempre nuevo, que nos movemos super-extra-mega- colosalmente interconectados como si fuéramos, flores, plantas, árboles que hacen su papel en la selva de la vida y que filosofando solo se puede llegar, <solo-solo-solo>, hasta ahí, hasta donde llegó aquel hombre bueno, el de ‘solo sé que no sé nada’, pero recuerdo que inmediatamente añadías:
- No podemos aceptar sin hacer ‘nada de nada’ lo que hacen en Gaza’: ahora es invierno, los matan por hambre y frío en los destartalados campamentos.
- ¡Más barato!
Ez adiorik!