Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Pequeñas contradicciones

No hay libertad, ni democracia, sin disidencia, ni con unos medios de comunicación que son incapaces de mostrar las contradicciones flagrantes de los que se consideran cerca de ciertos grupos políticos, ya que las piernas les tiemblan, y las subvenciones también. Bastante divertido es lo que sucede en el Principat, con un portavoz en las Cortes que regala presupuestos al opresor, con una capacidad intelectual de Escuela Primaria, como mucho, ya que su progenitor político va regalando amor, que nos está costando el ojo de una cara. Gabriel Rufián, que siempre habla por boca de ganso, afirma que vacunarse es una obligación moral. No es una decisión individual, y se queda tan tranquilo. Desconoce que el objetivo político, es el bien común, en nada tiene que ver con la moral, que también describió Nietzsche, como moralina. Cuando se habla de postulados morales, inmediatamente se ha de saber lo que se está ocultando. El bien común, y la trascendencia son incompatibles.

Ya se sabe que esto de la filosofía es para disimular la razón de los que nos gobiernan. Es una disciplina que estorba, y poco a poco va desapareciendo de la enseñanza, ya que las matemáticas y el inglés nos ofrecen los caminos hacia el progreso indefinido. La desgracia no acaba aquí. La perplejidad ha desaparecido hace bastantes años, del diccionario que utilizo. Reivindicar un proyecto político lleno de contradicciones no es un buen comienzo. Si hay estabilidad, es imposible cambios estructurales. Ampliar competencias que son cesiones, va en contra de cualquier soberanía. Utilizar modelos de otros entornos geográficos que nada tienen que ver con la realidad que se pretende mejorar es un brindis al sol. Para empezar la competición Pisa, que son las Olimpiadas de los desdichados alumnos que se forman para ser esclavos. No es de recibo semejante valoración. Dinamarca, país que ha utilizado los argumentos de la extrema derecha para cerrar fronteras es incompatible con el progresismo antiimperialista. La economía circular, es el mismo mito que el coche eléctrico, que en nada resolverá el desbarajuste de la movilidad individual ultra-liberal. Si no se tiene ideas propias mejor callar, porque acercarse a los países escandinavos para organizarse en política y en formación de los individuos no es el mejor referente. Sólo hay que recordar que baten récords en la utilización del alcohol. Ya sé que molesta mucho, pero es el peor veneno, que la humanidad dispone, y generador de innumerables enfermedades poco solidarias, y muy patriarcales.

Atentamente,

Bilatu