Enric Vivanco Fontquerni | Barcelona

Política participativa

La situación política en la Comunidad Europea, que es una amalgama de Estados, cada uno con sus problemas específicos, ha generado una gangrena en todo el cuerpo comunitario. Si se ha llegado a esta situación, es debido a la inoperancia de la izquierda en su conjunto, que ha cometido y sigue cometiendo los mismos errores que el resto. Si de verdad se quiere que las personas que no viven ni han vivido nunca de ningún sueldo relacionado con las distintas y variadas instituciones, que es la inmensa mayoría poblacional, es imprescindible que dejen participar la ciudadanía en la política en sus diferentes amalgamas, y que los canales no se obstruyan como es el caso de la prensa que vive de las dádivas de los financieros, como también de los entes públicos. Comprobar por enésima vez pactos inmorales, que no es necesario deletrearlos, ya que dan la razón a uno de los pensadores más relevantes de la actualidad como es Peter Sloterdijk: «El cinismo es la huida hacia delante de la mala conciencia». Si todavía no se sabe que Europa ha tocado todos los límites, o sea, que cada parte del cuerpo ha tocado techo debido a que la política no la conduce el pueblo, ni las minorías, la política está en manos de los expertos que generan opinión y como señaló en su día Einstein, no es necesariamente más pertinente la opinión de los especialistas, que una mujer de su casa, algo que la aristocracia de la izquierda practica con gran rigor cuando se juzga los votos equivocados según ella, o cuando se considera que es más provechoso no ir a las urnas, y quedarse tan ricamente en casa. En un reciente artículo Sloterdijk, sobre la «pseudonymie, se refiere a la política actual. Pone luz a lo que en esencia es la democracia de la partidocracia, que padecen los que no tienen ningún sueldo institucional, ni directo ni indirecto, porque no lo han querido ni deseado nunca, ya que la libertad es el único privilegio a conquistar. El filósofo, escribe que la democracia representativa deriva al pequeño número, así que la oligarquía de los despachos y de las puertas cerradas, son el emblema de lo que se señala como democracia. La censura que es una rutina que todo el mundo práctica, es la prueba que la izquierda se coloca en paralelo a la derecha y tiene la osadía de criticarla cuando ellos hacen lo mismo. Los ciudadanos que no pasan por las urnas son los que han perdido toda esperanza, ya que los pactos que abofetean en la cara de los ciudadanos, es la norma. Continuar insistiendo es una prueba de falta de inteligencia.

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