Alfonso Aranburu, trabajadoras y trabajadores antibelicistas. Ciudadanía contra la guerra-Herritarrok gerraren aurka

Por un 1 de Mayo antibelicista

La guerra supone el fracaso del espíritu humano, el sufrimiento de los sectores más vulnerables, y el negocio de los poderosos. Son las mujeres y hombres de la clase trabajadora una vez más quienes soportan en sus cuerpos, en su economía y en sus condiciones de vida, el mayor impacto del daño causado. Las guerras no son entre naciones, ni entre culturas, sino entre intereses, fundamentalmente de orden económico. La guerra no es un método de resolución de conflictos, sino un arma de sojuzgamiento de las personas y expolio de los pueblos. En la actualidad la guerra es inherente al sistema neoliberal capitalista que expolia el planeta e impone desigualdades cada vez mayores entre los seres humanos. En este Primero de Mayo la clase trabajadora debemos reivindicar también el cese de las hostilidades armadas, la no colaboración con ninguno de los elementos que alientan, legitiman y ordenan las matanzas, reivindicando a su vez la reconversión de la industria armamentística para fines de carácter civil y medioambiental. La guerra en primera línea la libra mayormente la clase trabajadora, con armas fabricadas por la clase trabajadora, bajo las órdenes de gobiernos votados por la clase trabajadora. Nos matamos siguiendo las órdenes y acatando decisiones políticas emitidas desde cómodos despachos alejados de los lugares de destrucción. La clase trabajadora mayormente es la que compone las masas de personas refugiadas expulsadas de sus vidas y trabajos, convertidas en exiliadas forzosas o en carne de cañón. Los ejércitos, las armas, no garantizan la paz y la Seguridad, sino todo lo contrario. Por ello nos oponemos al comercio y envío de armas a cualquier país, así como a los envíos de fuerzas militares a los escenarios bélicos.
Por otra parte, respecto al incremento del gasto militar aprobado en los parlamentos e impuesto por la OTAN, no podemos por menos que rechazarlo, y proponer que esa ingente cantidad de dinero se destine a fines sociales (pensiones, sanidad, educación, etc.).

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