Prefería las balanzas de pesas de las tiendas antiguas de barrio
Oí en televisión ayer, en varias cadenas, que el domingo fue uno de los días más terroríficos de la guerra entre Rusia y Ucrania desde hace 2 años, con un balance de un soldado ucraniano muerto, cuatro heridos y una granja de gallinas devastada.
Las caras que ponían los reporteros parecía que no daban crédito a semejante «masacre», sin querer yo menospreciar ninguna vida humana.
Armándome de valor seguí viendo el mismo tebeonoticias, y la siguiente fue que un ataque del Ejército israelí había matado esa noche a 180 palestinos, 20 de una misma familia que estaban trabajando en una nave.
Parece que esa noticia no tenía motivos para desencajar ninguna cara, pues pasamos de largo a la siguiente en breves segundos.
Me recuerda cuando yo iba al mercado a por fruta o pescado, y el peso de las naranjas y el pescado se hacía mediante una balanza de dos platos que equilibraba la mercancía con unas pesas para saber su peso. Afortunadamente, los que pesaban la fruta no eran los actuales periodistas, directores de prensa y televisión y reporteros actuales.
Tal vez en mi ignorancia, las pesas del besugo las cambiaban...
Estas informaciones me recuerdan cuando en una manifestación el convocante dice que ha habido un millón de personas, y medios de prensa, 15.000.
Yo no he hecho la carrera de periodismo, pero en este país, si haces periodismo y vas de legal, difícil lo tienes.
Maldito dinero que diría aquel.
Empiezo a pensar que Pinocho y otros muchos «lameculos» se doctoraron en periodismo en la misma universidad que Cristina Cifuentes.