Koldo Azkue, antropólogo social

Regreso al pasado: Ayete

Entre otras personalidades internacionales, se reunieron allá por 2011, en Ayete (Donostia), en el marco de una autodenominada Conferencia de Paz, los que habían sido agentes directos de eso que se llama Proceso de Resolución de Conflictos, concretamente el que pretendió solucionar los graves problemas entre el Reino Unido y el Norte de Irlanda, territorio entonces bajo su mandato: Gerry Adams y Bertie Ahern, participantes por parte irlandesa en el conocido Acuerdo de Viernes Santo y el Proceso de Paz en Irlanda del Norte. Jonathan Powell, jefe de Gabinete del primer ministro británico, Tony Blair, otro de los presentes en Ayete, había sido el negociador jefe por la otra parte. ¿Qué ha sido del proceso en Irlanda del Norte? El IRA destruyó sus armas. ¿Y?

Se hizo público entonces el Manifiesto de Ayete, en el que se hablaba de «la última confrontación armada en Europa», de «terminar con una situación de violencia y conflicto» y de «alcanzar una paz justa y duradera». Tuvo este Manifiesto, a mi entender, la virtud de reconocer, a escala internacional, que existía en el País Vasco un «conflicto y una confrontación armada», situaciones que era conveniente resolver. Y otra virtud añadida, cual fue el reconocer que la paz debe ser justa, o no es paz, sobre todo si pretende ser duradera.

Hacía el Manifiesto, en su Punto 1, un llamamiento a ETA a hacer una declaración pública del cese definitivo de la actividad armada (supongo que por su parte) y solicitar diálogo con los Gobiernos de España y Francia, para tratar exclusivamente de las consecuencias del conflicto. Parten de la constatación de que hay una confrontación armada y le piden sólo el cese definitivo de su actividad armada a una de las partes confrontadas; no plantean un alto el fuego en tanto se dialoga sobre el conflicto. Pero transcurridos 10 largos años, me sigue siendo imposible de entender que promovieran un diálogo de ETA con España y Francia (con lo cual ya remarcan con quienes tenía el conflicto el País Vasco) sobre, exclusivamente, las consecuencias del conflicto, no sobre el conflicto en sí, siendo precisamente la confrontación armada una de esas consecuencias.

En el Punto 2, se insistía en lo de tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto, dejando en evidencia la intención última, que no parece era la resolución del conflicto, sino sólo desactivar sus consecuencias.

En el Punto 3, instaban a avanzar en la reconciliación y en la asistencia a todas las víctimas. ¿Reconciliación entre las partes en conflicto sin haber, ni siquiera intentado, resuelto el conflicto instaurado entre ellas?

En el Punto 4, aparece una frase enigmática: «En nuestra experiencia de resolver conflictos hay a menudo otros motivos que si son tratados pueden ayudar a alcanzar una paz duradera». ¿Y dónde estaban esos «otros motivos» que parece sería conveniente tratar? ¿No los podían exponer? ¿Se trataría, quizás, de analizar el conflicto y sus causas, para corregirlas y desactivar tal conflicto de una forma justa?

Y al margen de lo que dijera o dejara de decir el Manifiesto de Ayete, ¿dónde estaban las otras dos partes del conflicto que mantenía el País Vasco con España y Francia? ¿Cuándo han participado estas personalidades internacionales en Procesos de Resolución de Conflictos donde no estuvieran representadas las dos, o como en este caso, las tres partes confrontadas? ¿No estuvieron los británicos en las negociaciones que dieron lugar al Acuerdo de Viernes Santo? ¿No será que no se pretendía resolver ningún conflicto sino, solamente, acabar con ETA? Porque esa fue la consecuencia: ETA no dialogó con quienes confrontaba, que ni se presentaron. No negoció siquiera el futuro de sus presos y militantes, como se hizo en Irlanda, en Sudáfrica o en Colombia; simplemente, se rindió.

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