Reina de la hostelería
La Mini-España de las camareras y los camareros, representada por el Madrid variopinto de la aristocracia del dinero y la buena gente resignada a sobrevivir con las migajas que caigan de sus mesas, está a punto de proclamar una nueva reina…, si alguien no lo remedia. Vamos que, de momento al menos, las encuestas parecen predecir que la Isabelita Ayuso, solita o con un empujoncito de Vox, está a punto de llevarse el gato al agua, en la capital del reino. Hace bien poco no podíamos entender el éxito de un histriónico yanqui. Pues bien, ahora estamos conociendo de cerca el «trumpismo made in Ayuso», dispuesto a dar vida a una irresistible reina de la hostelería. ¡Vivir para ver! ¿Qué es lo curioso para un vasco? Pues, por ejemplo, el constatar que vaya a ser su separatismo político irredento, azote del Gobierno de la nación, anclado en un liberalismo económico extremo y sumado a la manipulación de la palabra libertad, el soporte sólido desde el que intenta escalar, imparablemente, hacia la victoria.
Poco puede hacer un vejete como yo, desde la distancia. Disculparme, de todos modos, que no me pueda resistir a la tentación de decirles, a los de las migajas, que no se dejen engañar. La Sra. Ayuso y su cuadrilla son muy listillos. Hay muchas clases de libertad. Por ejemplo, la que defiende la america republicana, cuando apoya ciegamente a la Asociación de Amigos del Rifle y la fabricación de toda clase de armas mortíferas. Claro que generan empleo y riqueza, pero también ayudan a llenar cementerios. El «ayusismo» es mucho menos truculento. A ella le va la Asociación de Amigos de la Tasca y el chiringuito financiero, magnífica cuna del… «que inventen otros». ¡Así le va al país con este tipo de guías! Una pequeña observación adicional. Como no se han preocupado demasiado, quizá, en facilitar a la gente humilde el acceso a una vivienda un poco más digna, defienden a capa y espada el mantener la hostelería abierta, para que puedan ir allí a olvidar sus penas ¿Qué el covid19 ataca con más virulencia, haciendo pagar a justos por pecadores? ¡Qué le vamos a hacer! El empleo es el empleo, caiga quien caiga.
Pues no, toca espabilar. Nada de reinas ni de resignación y a pelear para no dejar pasar esta nueva ocasión. Que la suma de votos de las personas sensibles ante las desigualdades sociales, es decir, ante lo que es la auténtica distancia social entre ricos y exageradamente menos ricos, (no confundirla con la distancia sanitaria o higiénica para evitar los contagios), sea mayor a los votos de quienes manejan la mayoría del dinero.