Funeral de una soprano
Enrique Vivanco Fontquerni | Barcelona
2018/10/10

Analizar un acontecimiento de la ciudad en la que siempre has vivido, proporciona una base de datos, qué son útiles en espacios y tiempos diversos. En el funeral de la soprano, Montserrat Caballé, dando por sentado que es una pérdida para el mundo de la música a escala planetaria y son estas personas que no abundan en su profesión correspondiente. En un modestísimo trabajo de campo, que por supuesto sería genial hacer una historia de vida de la soprano, enmarcada en el contexto socio político en el que ha vivido. He podido observar detalles, que son pinceladas de la situación catastrófica en la que estamos navegando. La primera sorpresa, ha sido la poca gente amante de la lírica que estaba en la ceremonia, que por supuesto tiene una explicación, pero requiere un análisis en profundidad. Lo más divertido ha sido la presencia de los políticos y concejales, que de tanto en tanto van al Liceo, de gorra como es preceptivo. La imagen que tenía de la Señora alcaldesa, de hace unos 20 años, que guardaba in mente, a la actual, la visto tan rejuvenecida, con una piel bien cuidada, y su atuendo que supongo que no está comprado en los encantes, porque no tiene tiempo para ir de compras. También, el traje impecable del Señor Sánchez, todo un caballero español, qué tiempos, el de su colega González, y sus trajes de pana, esta memoria mía, siempre me da malas pasadas. La primera fila de los políticos, era un primor, el Señor Casado, como un okupa, se ha colado al lado del Ministro de cultura, en primerísimo término, así por la cara, para poder hacer discursos de lo más cristiano posible, ya se ha dicho en el responso, que Dios siempre perdona, por lo tanto no hay ningún problema. Ver al Señor García Albiol, que debía de tener un resorte en el asiento, porque ha salido disparado para comulgar, se debe de preparar para que le perdonen, por si recupera la alcaldía de Badalona, en el que está muy ilusionado. Entre los ilustres personajes, dejando aparte los incombustibles de las financieras, todos ellos muy practicantes, estaba el padre Apeles, con su burka, para hombre, amistades como esta, son un tanto extravagantes. Al final del funeral, cuando pasaba la que ejerció de reina, un ilustre caballero, exclamaba con su reloj azul de plástico. ¡Ole la reina! , que para su desgracia no consiguió arrancar el coro de los súbditos. En el funeral, se respiraba un ambiente de los más amical entre los políticos, custodiados por ingentes guardaespaldas, que eran más, que los aficionados a la música. 

Atentamente,