Tu voto y el mío
Hace unos días (el 1 de octubre), se cumplieron 91 años de la aprobación del sufragio femenino en las Cortes de la Segunda República. Fue una efeméride que no vi reflejada en muchos medios de comunicación, casi de «puntillas» pasó. Aquel día, una abogada, Clara Campoamor, y algunos fieles más, conseguían el derecho largamente trabajado frente a los y las que se oponían, a que nuestras abuelas y quizás madres pudieran ejercer un derecho casi pionero en la Europa de entonces. No fue, como digo, un camino fácil, pero aquel hito marco el futuro, quién sabe, de nosotras mujeres. Quiero pensar que, cuando Clara y sus compañeros y compañeras elaboraron esa futura ley del voto femenino, pensaban en las futuras generaciones, en tu voto en el mío, de cómo podría ser una poderosa «herramienta» de justicia y equidad para que las leyes y normas sean un ejemplo, de cómo formar generaciones en el respeto e igualdad. Tu voto y el mío pueden ser muy «poderosos» para prevenir y evitar situaciones y episodios bochornosos y denigrantes (véanse «berridos» y cánticos varios) por parte de unos «pobrecillos» ellos con una «cultura» muy bien arraigada. Tu voto y el mío servirán igualmente para que servidores públicos con responsabilidades de gobierno no banalicen con el dolor ajeno, que con su derroche de «empatía» no ven la pobreza que tiene muy cercana. Tu voto y el mío servirán igual para acallar comportamientos patriarcales y machistas, de las que dicen defender mejor que nadie, ese voto tan trabajado. Recuerda recordemos, Tu voto y el mío. No olvides.