Cecilio Rodrigo

Una canción para estos días de invierno

Se notaba en la vestimenta de las pocas personas que subían andando por la senda que hay en la ladera del monte. Embozados con ropa de colores oscuros, capucha puesta, gorra, boina, sombrero y una buena bufanda. ¿Cómo saber quién era quién, quién de aquellos pocos caminantes era mujer o era hombre?

En el tramo que más cerca nos queda de casa, entre el anteúltimo fresno y el primer arce, vi cómo subía con alegre y silenciosa cadencia alguien que parecía venir caminando desde un mundo feliz hacía un destino más feliz aún. Unos segundos después, tras los pasos de este o esta caminante, subía otro caminante por el mismo tramo de la senda entre el anteúltimo fresno y el primer arce. Venía dando zapatazos en el suelo, con cada paso cabeceaba como si fuera famélica caballería, una mula, un caballo, un asno, tirando del viejo arado romano.

Yo pensé que el primer caminante sería, podría ser, una mujer, y el segundo un varón. Sin tener ninguna certeza de nada, dejé de mirar por la ventana desde la que veo todos los días la ladera del monte. Dejé de mirar por la ventana desde la que veo todos los días la ladera del monte y miré a la ventana del mundo: el asesinato de Renee Good por el disparo a bocajarro de un agente de la ICE. Las palabras del «ami» J.D. Vance, vicepresidente de los Estados Unidos: «El agente tiene impunidad absoluta».

Como protesta contra las medidas de Trump hay este fin de semana más de mil convocatorias en ciudades norteamericanas.

Los europeos sabemos una canción: “Ami, Go Home”

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