Vidas robadas
Iñaki Revuelta | Cantante
2019/05/22

Cuando escucho estos días atrás, al hilo de la detención en Francia de Josu Urrutikoetxea, lo de la infancia robada, me viene al recuerdo mi abuela Francisca Abadía Peruski, «Pakita». Nacida en Lodosa, Nafarroa, con apenas diez años tuvo que marchar hacia Donosti junto a su hermana mayor tras quedar huérfanas. Como bien nos relataba entre lágrimas, un buen día la Guardia Civil llamó a su puerta y preguntó por su padre Julián, no sabiendo nunca más de él. Las envidias vecinales y la maldad existente en la época, hicieron que aquel humilde labrador se convirtiera en uno más de tantos asesinados y desaparecidos por el régimen franquista. Lodosa y Sartaguda, denominado el pueblo de las viudas, sufrieron especialmente el zarpazo criminal.

El prestigioso historiador y escritor Iñaki Egaña, en su primera novela "Gallarta", nombró al personaje Julián Abadía en honor al horror padecido por tantas personas en esa comarca. Auténticas vidas robadas, arrancadas de cuajo por la sinrazón y el odio de quienes derrumbaron un gobierno legítimo. Hay quien dirá que es algo de hace mucho tiempo y que hay que cerrar heridas, pero lo triste es que a día de hoy no sabemos nada del paradero de Julián. Ni tampoco nunca nadie llamó a la puerta de Pakita a pedir perdón ni a dar consuelo. A pesar de todo, nunca fue una mujer rencorosa ni quiso lo mismo para sus enemigos, más bien lloraba cada vez que sucedían los diferentes episodios violentos dentro del largo conflicto que vivimos en Euskal Herria.

No todas las víctimas queremos influir en la vida política, es el mayor daño que se puede infringir a la sociedad. Hay quien tiene cientos de gaviotas, nosotros tenemos una paloma negra, como bien diría Iosu Lertxundi, «Poeta del Pueblo». Una paloma que tiene las alas heridas y no puede volar. No os fiéis nunca mucho de las gaviotas, suelen ser avisadoras de tiempos oscuros y grises... Esperemos que nuestra hermosa paloma pueda volver a volar en paz y libertad.