400 muertos difícilmente son una mera fatalidad

El número de muertos provocado por un deslizamiento de tierra en una mina de coltán en la República Democrática del Congo, el jueves, superó ayer los 400 y nada indica que sea la cifra definitiva. La desconexión respecto a lo que ocurre en un lugar tan remoto geográfica y mentalmente tiene el peligro de insensibilizarnos ante tal drama, pero se trata, según los registros disponibles, del mayor accidente minero del mundo en más de medio siglo. 

Tampoco debiera ser indiferente este terrible accidente en tanto en cuanto se ha producido en una mina de coltán, un recurso crítico para los dispositivos electrónicos de la actualidad. Que la extracción de los recursos que sostienen el ritmo de vida en los países ricos esté situada, de forma abrumadoramente mayoritaria, en el Sur Global, permite a los habitantes de los primeros abstraerse totalmente de sus consecuencias. Hay que romper este embrujo.

La tragedia escala en dimensión por el hecho de que, según la información disponible, la mayoría de víctimas son mineros artesanales, un eufemismo con el que se suele hacer referencia a quien se busca la vida al margen de las explotaciones mineras oficiales, sin más herramientas ni protección que sus manos, a menudo bajo las órdenes de caciques locales, en condiciones cercanas a la esclavitud y con salarios que no merecen tal nombre. El producto de esa minería, teóricamente ilegal en su gran mayoría, encuentra el cauce hacia la legalidad mediante intermediarios. Su existencia es funcional al sistema, pues abarata costes y evita responsabilidades. Es difícil catalogar el accidente de mera fatalidad.

A los ingredientes del drama se suma el conflicto armado entre el Gobierno y el M23, que controla la zona de la catástrofe, así como las consecuencias de la crisis climática, especialmente sensibles en lugares como el país africano, que acoge la segunda mayor selva tropical del mundo, la cual ha dejado de ser un sumidero de carbono para convertirse en emisor de CO₂. La minería, junto a la tala, es la gran responsable. Las grandes crisis que afectan a la humanidad están relacionadas entre sí, y ninguna de ellas

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