8M: ¿Cuál es el modelo que se ha promovido?
Hoy es 8 de marzo, jornada de reivindicación de los derechos de la mujer y día apropiado para constatar que la desigualdad estructural por razón de género se mantiene inalterable. No hay ámbito ni lugar en el mundo donde se garantice que hombres y mujeres afrontan su cotidianidad en iguales condiciones, y podría afirmarse que los avances que se producen son tan modestos y sectoriales que harán falta varias generaciones para acabar con la mayor injusticia cometida –y sufrida– por el ser humano. Los mensajes se repiten sin calar en sus destinatarios, y hasta preguntar si se hace lo suficiente para revertir la situación parece un ejercicio reiterativo; es evidente que no.
En lo que se refiere a Euskal Herria, es preocupante lo que está ocurriendo entre las capas más jóvenes, donde se reproducen algunas de las peores actitudes de la sociedad adulta. En este caso, más que avanzar se está retrocediendo, y los roles y estereotipos más reaccionarios se han afianzado. Pero esto no ha ocurrido como resultado de un proceso natural de decantación, sino que es consecuencia de una apuesta política definida. Este país puede enorgullecerse de contar con un movimiento juvenil fuertemente arraigado, ideológicamente formado y comprometido, que mantiene un discurso y una praxis ejemplares en diversas materias, también en el de la igualdad de género y de la lucha contra el patriarcado. Sin embargo, ha sido precisamente esa juventud la que ha sufrido los embates represivos, tanto del Estado como de las instituciones locales que, por contra, han promocionado un modelo de juventud diametralmente opuesto: gregario, infantilizado, consumista y machista en las relaciones sociales.
Al desactivarlos políticamente, a muchos jóvenes les han hurtado herramientas valiosas para construir un modelo relacional basado en la igualdad y el respeto, y en esta tesitura, hacer campaña «por la igualdad» un día al año es intentar secar el mar con una bayeta.