Acuerdo que acerca el final del proceso de paz

Mientras el mundo está pendiente de las negociaciones entre Irán y el Grupo 5+1 o las de Grecia con los líderes de la eurozona, las negociaciones entre las FARC y el gobierno de Colombia parecen haber entrado en una fase decisiva. Las delegaciones de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y del gobierno de Juan Manuel Santos anunciaron ayer un acuerdo para «desescalar» el conflicto en Colombia, el último de América que dura ya medio siglo y que según cifras oficiales ha dejado 220.000 muertos y más de seis millones de desplazados. Este acuerdo viene tras la ruptura de la tregua unilateral de las FARC que duró cinco meses como consecuencia de los ataques militares que sufrió, una dinámica conjunta de desminado y la voluntad expresa de ambas partes para llegar sin demora a la firma de un acuerdo final. Parece, por tanto, la antesala de una fase decisiva y definitoria que con voluntad política puede transformar aquel conflicto político-militar para siempre.

A la suspensión de las acciones ofensivas guerrilleras se le une ahora el proceso para «desescalar» las acciones del Ejército colombiano. El cese definitivo y bilateral del fuego está más cerca, así como la desmilitarización y el desarme. Por su parte, los estados garantes del proceso aseguran el monitoreo y la verificación. Todos los ingredientes están servidos en el menú para que, a pesar de los poderosos enemigos que intentan sabotear el proceso, el conflicto en Colombia tenga soluciones válidas y estables. Algo que exige ir más allá de un acuerdo lindo y redactado de manera brillante, que no será posible sin sumar, sin que todos sientan el resultado final como algo propio y satisfactorio que facilite el consenso y la reconciliación.

Este plan supera el punto más crítico que vivió el proceso de paz con las muertes y los heridos de la escalada de las últimas semanas. La paz espera ya a la vuelta de la esquina. Se acerca el momento de terminar todo el proceso.

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