Barkos-Urkullu, lo importante no es la foto

Algo tan normal como la reunión de los dos máximos mandatarios de los vecinos y hermanos gobiernos de Iruñea y Lakua, Uxue Barkos e Iñigo Urkullu, se convirtió inevitablemente ayer en noticia política destacada. Es la increíble resaca que han dejado los ejecutivos de UPN desde 1995, que tras los ensayos de acercamiento de Juan Cruz Alli y el posterior órgano común intergubernamental de Javier Otano –abruptamente interrumpido por el golpe de mano del régimen– impusieron dos décadas de ruptura de relaciones total, por encima de toda lógica vecinal, social, cultural, económica y también política.

Esta fase ha sido afortunadamente superada. De ello se ha encargado la mayoría ciudadana navarra; quienes ya antes se sentían muy unidos al resto de herrialdes vascos y quienes han aprendido en estos años, entre otras muchas cosas, que el autoaislamiento practicado por UPN solo les ha servido para vivir peor. El desplome de la CAN, iniciado por la negativa política a la fusión lógica con las cajas vascas, es el ejemplo más claro.

Resulta evidente, y no podía ser de otro modo, que los dos gobiernos abren otra etapa, de cooperación y acercamiento en vez de enfrentamiento o indiferencia mutua, en la que este tipo de imágenes y actos serán cada vez más frecuentes. No obstante, lo importante no es la foto, porque también Yolanda Barcina se paseó no hace mucho con Iñigo Urkullu por el Paseo de Sarasate, sino que ese nuevo tiempo dé frutos, haga que la ciudadanía de los cuatro herrialdes en conjunto se beneficie. Para eso la colaboración tendrá que desarrollarse sin tabúes, complejos ni límites. O, mejor dicho, sin más límite que el que decidan alaveses, vizcainos, guipuzcoanos y navarros, nunca consultados directamente sobre qué relación quieren. Lo dijo ayer Barkos, al concretar la idea vacía de «nación foral» de Urkullu en una apuesta por que la ciudadanía de cada comunidad «haga frente a su desarollo político de la manera que decida de modo soberano». Ya es hora.

Bilatu