Corbyn: era imposible y ahora es algo inevitable
La elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder del Partido Laborista británico deja una lección que conviene remarcar: el arte de la política consiste en hacer de lo imposible algo inevitable. Ni siquiera el propio Corbyn esperaba la magnitud de su victoria, labrada mediante un movimiento popular de base vibrante y plural. Las casas de apuestas, las élites del laborismo y las grandes corporaciones mediáticas, ninguna creía que fuera posible que un veterano político situado en los márgenes de lo políticamente correcto y que durante su carrera se ha caracterizado por ser un verso libre arrasara de la manera en que lo ha hecho. Rompiendo todos los registros históricos, con un mandato popular masivo e inapelable, protagonizando uno de los acontecimientos políticos más relevantes de las últimas décadas en Gran Bretaña. La marca de Corbyn salta fronteras, alimenta esperanzas y fortalece confianzas propias en una izquierda europea donde los paralelismos y los vasos comunicantes hacen que realidades muy diferentes parezcan similares, que narrativas de poder y consensos imperantes sean cada vez más cuestionados.
La autenticidad de Corbyn como persona, su humildad y su modo de vida alternativo han contribuido a su victoria. El declive de un laborismo borrado electoralmente de Escocia y diez puntos por debajo de los conservadores en Inglaterra y la demanda de una nueva política donde ya no se traga el «no hay alternativa posible» también son factores que han jugado a su favor. Las consecuencias políticas de la victoria de Corbyn son enormes e impredecibles. Él ha ganado y algunos de los que han perdido no parecen haberlo aceptado. Los tambores de guerra civil interna en el laborismo, unidos a unos ataques de los tories realmente groseros –acusándolo de ser una amenaza para las familias y la seguridad– señalan que Corbyn tendrá que hacer frente a grandes batallas muy pronto.
No obstante, su persona, el apoyo masivo de tanta gente y su mensaje de igualdad, justicia, decencia y de valores socialistas son una buena artillería para dar la batalla.