El 3 de Marzo y la victoria de la memoria popular
Hoy hace medio siglo que la Policía Armada española desalojó a base de disparos y gases lacrimógenos a 4.000 huelguistas de la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio gasteiztarra de Zaramaga. Hirió a 150 personas y mató a Pedro María Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral. El 3 de marzo es una jornada marcada a fuego en la memoria de la capital alavesa y de toda Euskal Herria.
Sin embargo, no siempre fue así. Durante el primer cuarto de siglo, los responsables de la masacre reprimieron todo acto de memoria, mientras que quienes renunciaron a mucho de lo que defendían aquel 1976 trataban de pasar de puntillas por un aniversario incómodo. Esto ha cambiado en los últimos años. A la memoria popular se le ha sumado la institucional y el consenso mínimo en torno a lo ocurrido es abrumador. El nombramiento de la iglesia como Lugar de Memoria no es noticia por polémico, sino por tardío. En cualquier caso, no ha caído del cielo, responde al trabajo de quienes han luchado por ello, empezando por la asociación Martxoak 3. Queda camino por recorrer, evidentemente, y no solo en el terreno judicial. La falta de asunción de responsabilidades por parte del Estado español y el empeño en mantener bajo secreto los archivos oficiales claman al cielo en pleno 2026. Bastaría con añadir un punto al orden del día de cualquier Consejo de Ministros. Podrían hacerlo hoy mismo.
Pero el 50 aniversario no se limita a la legítima y debida exigencia de verdad, justicia y reparación. Debe servir también para recuperar la memoria de aquellas miles de personas que, en Gasteiz y en ciudades y pueblos de toda Euskal Herria, hicieron frente hace cinco y seis décadas a una dictadura que se negaba a morir y que solo cedió una vez blindados privilegios e impunidades. Que la democracia española se construyó sobre el olvido es solo la mitad de la verdad. La otra mitad es que la Euskal Herria rebelde, que sigue luchando por su lugar en un mundo más justo, es orgullosa heredera de aquella ansia de ruptura expresada hace medio siglo.