El primer Gobierno de Agirre a la luz de 2026

El lehendakari Imanol Pradales honró ayer la memoria del primer Gobierno encabezado por José Antonio Agirre, que se constituyó hace 90 años como expresión de la firme voluntad del pueblo vasco de gobernarse a sí mismo. Elegir las efemérides a celebrar es importante, porque la memoria de una nación no está tallada en ninguna piedra, se construye y modula incesantemente, cada vez que cuenta su historia. Por eso, además de todas las derrotas y golpes recibidos a través de los siglos, tiene su valor esforzarse en celebrar aquello que, a pesar de todos los pesares, salió bien, aquello de lo que enorgullecerse.

Del mismo modo, en el caso del fuerte de Ezkaba, declarado ayer Lugar de Memoria Democrática, conviene subrayar, junto a la criminal represión que en ella se desarrolló, el compromiso con la libertad de los cerca de 800 reclusos que protagonizaron la mayor fuga carcelaria de la historia de Europa.

Volviendo al Hotel Carlton, Pradales reivindicó ayer el carácter «de unidad, plural, positivo y abierto» de aquel Ejecutivo constituido el 7 de octubre de 1936, con la guerra lanzada. Además del PNV, en él había consejeros del PSOE, de ANV, del PCE, de la Izquierda Republicana y de la Unión Republicana. «De ideologías muy diversas, defendieron y practicaron el diálogo incluyente y la búsqueda del común denominador», consideró. Pradales ligó aquel contexto con el presente, asegurando que «asistimos a una eclosión de los populismos y a la legitimación de proyectos antidemocráticos», añadiendo que aquel Gabinete es «una inspiradora hoja de ruta».

Sin embargo, y con todas las evidentes distancias, ahora mismo hay más trazas de aquellos valores en la gobernabilidad de Nafarroa y en la elección de Alain Iriart que en el pacto entre PNV y PSE para acumular poder y excluir a EH Bildu. Tras dos años en el cargo, resulta evidente que el talante de Pradales tiene poco que ver con el sectarismo que mostró su predecesor, Iñigo Urkullu, pero poner en valor el pluralismo y la unidad de los que hicieron gala hace 90 años debería obligar a un esfuerzo similar a la hora de abordar con generosidad y sin vetos los debates y acuerdos que el país necesita.

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